SOTO APARICIO PÓSTUMO
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PATRIMONIOS CULTURALES  //  LETRAS  //  publicado el 13 de mayo de 2020  //  10.30 horas, en bogotá D.C. 

“...si los padres no leen, los niños pasarán por alto la existencia del libro...”


El escritor colombiano falleció hace 4 años, dejando el legado de una extensa obra. Títulos como “La Rebelión de las ratas”, "Mientras llueve" y “Después empezará la madrugada”, entre tantos otros, dicen de la fecundidad del creador nacido en Socha, Boyacá. Sumó 56 obras publicadas y hace siete años se presentó por última vez en la Feria del Libro de Bogotá.  En la pasada Filbo virtual, que concluyó hace pocos días en medio de la pandemia, se le rindió homenaje al escritor que ya en vida era emblemático para el hacer literario del país cafetero. Fue una curiosa remembranza por redes e internet para un artesano de la palabra que hacía del oficio de construir en letra un articulado insolayable con la máquina de escribir primero y luego con el obligado computador en los últimos años de su vida, pero nada más. Ninguna otra concesión a la modernización en la actividad de crear Esto porque Soto Aparicio jamás le quitó posibilidad de pervivir al libro hecho en papel y tinta. Miraba por eso con cierto desdén aquello que aparece hoy como alteridad avasalladora de la tradición del ejemplar en soporte físico. Poco tiempo antes de pasar a la posteridad el autor dialogó con ARES sobre el oficio en el que aplicó su vida entera.  Señaló que el escritor es al tiempo un buscador de realidad y fantasía. Por encima de esto señaló que aunque la ficción sea una masa esencial para el mundo de quien escribe, este “...nunca debe faltar a la verdad, porque debe ser la voz de los que callan...”, como mandato ineludible y misión vital. Esta entrevista que se publica casi un lustro después de su fallecimiento, fue una de las últimas concedidas por el autor colombiano y se agrega a la exaltación reciente a su trabajo y memoria.


Entrevista: Martha Liliana ROMERO


Fue también guionista, académico, poeta y dramaturgo. Otro detalle de máximo relieve: hizo literatura para niños. Es probable que hubiese merecido un mayor reconocimiento tanto local como internacional, pero él prefirió mantenerse en perfil bajo, con suficiencia necesaria como para pasar inadvertido cuando se tocaba el límite de su privacidad familiar y personal. No le faltaron galardones y jamás hizo ostentación de ellos. Entre 1969 y 1970 ganó el premio Selecciones Lengua Española y el prestigioso aunque cuestionado Casa de las Américas, que se concede en Cuba. Al año siguiente también lo galardonó la española ciudad de Murcia por su mérito literario. ¿Cuál ha sido el tema básico de su literatura, a lo largo de tanto tiempo?

Supongo que la línea maestra ha sido la realidad del hombre de América Latina -precisó el escritor- su rebeldía, sus angustias permanentes, sus luchas cotidianas y constantes. Ese hombre ha sido siempre el protagonista de mi trabajo.

Aunque nació en Socha, su infancia transcurrió en Santa Rosa de Viterbo. Apenas unos 50 quilómetros separan a ambas localidades de la bella y bucólica campiña boyacense. Allí el carácter de sus gentes tiene poco que ver con lo que se conoce como el emocional y quizá exuberante temperamento tropical de los nacidos en la llamada “tierra caliente”, por la que se conoce al colombiano en el mundo. Sirve como comparación la que hace diferencia entre la mentalidad de un porteño, con su cultura de Buenos Aires, y la muy diferente del resto de los argentinos, los de provincia. En ese ambiente campesino abrazó la lectura, que fue el camino más directo a lo que sería el surco, no sobre la tierra sino el de su obra. ¿Cómo fue ese primer contacto?

Aprendí a leer en casa -rememoró el autor- y fue mi madre quien me incentivó para dar también esos primeros pasos, los que me encaminaron por la literatura. Leía de todo lo que había en ese espacio de mi infancia, en el que no faltaba material para la que fue mi primera curiosidad sostenida: revistas, periódicos, libros, suplementos, hojas parroquiales, lo que cayera en mis manos. Ese universo me fue llevando a cristalizar en la decisión de abordar mi  propio cuento, mis historias. Allí germinó la vocación.

Su primer trabajo publicado apareció en 1950 bajo el título de “Voces del silencio”, después llegó “Mientras llueve”, hasta sumar las 56 publicaciones. La última vio espacio en librerías al iniciar el nuevo siglo, en 2004. Fue un trabajo sobre el joven héroe boyacense, Pedro Pascasio Martínez, que participó en la escaramuza de Boyacá, aquella que derrumbó el poder español en el Virreinato de la Nueva Granada, y anticipó la segunda entrada de Bolívar a Bogotá. El caudillo venezolano jamás cumplió la promesa que planteó como premio al guerrero adolescente, quien tomó prisionero al jefe realista vencido. En aquella Feria del Libro del año 2013 se exhibieron 46 títulos del fecundo escritor y fue su última gran presentación ante los aficionados al libro. ¿Cuáles son los puntos de partida del escritor?  

Un escritor debe primero ser un buen lector -aseveró Soto Aparicio- quien no lee queda invalidado para escribir. El resto es la consagración por entero a la literatura, porque este no es un oficio para el fin de semana, ni para dedicarse por las tardes. Es de tiempo completo y para toda la vida. Tampoco se trata de simple inspiración, es necesario aplicarse a un proceso riguroso y permanente.

En la última etapa de su larga vida -nació en octubre de 1933- el escritor debió afrontar el gran desafío de las tecnologías y las nuevas maneras de manejarlas, al igual que los formatos derivados para la palabra escrita -el hipertexto- así como el cambio en las lógicas del mercado, que trajo aparejada esa apabullante revolución que continúa. ¿Qué le espera, más allá de los pronósticos apocalípticos, al libro del futuro?

El libro como lo hemos conocido estará allí mientras el hombre esté de pie sobre la tierra -aseguró el escritor- aunque haya otras formas paralelas para presentarlo y hacerlo circular, la obra escrita que se pueda tocar, acariciar y apropiar a partir del aroma de la tinta, el papel y el pegante, permanecerá. El libro impreso desaparecerá con el último ser humano que habite el planeta.

En la charla se definió como “un buscador de las complejidades”, que son parte de la realidad y de la fantasía que también perfila a sus personajes. Afirmó que una mente siempre abierta para abordar los entresijos y el lado gris de las cosas es importante para construir en palabras algo que aproxime a lo maravilloso del existir. Pero, ¿cuál es el papel del escritor frente la sociedad, de por sí compleja?

Un escritor debe gritar ante los que se esconden -pontificó el autor- hablar por los que callan y sobre todo decir lo que es su verdad, cueste lo que cueste. Un escritor nunca debe faltar a la verdad.

El llamado a participar en la Feria del Libro de la capital de su país, la que se celebró hace 7 años y fue el último escenario multitudinario que lo vio en vida, estuvo precedido por la publicación de su libro dirigido al público infantil: “Guacas y Guacamayas”. Esa mediación inesperada con los niños,  ¿tuvo alguna connotación especial?

Es más de una -aclaró Soto Aparicio- por un lado deja en claro que estos libros permanecen vigentes, que sigue habiendo lectores fieles y que se renuevan. Esta obra se escribió hace más de tres décadas y se mantiene actual. Otro aspecto es el del interés por un público que sin importar lo que defina después en su existencia, debe desde temprano empezar a leer. Si los padres no leen y por omisión privan al niño del contacto con el libro, aunque eso sea involuntario, es probable que luego los chicos pasen por alto el leer para el resto de sus vidas (aresprensa).  

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VÍNCULOS : ¡ADIÓS, AUTE!, FILIPINO UNIVERSAL  //  2020, "FILBO EN CASA"  //  ENRIQUE PATIÑO : LEER IMPUGNA AL ENGAÑO  //   https://www.aresprensa.com/2017/