HAITÍ POCO LE IMPORTA AL MUNDO
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ACTUALIDAD  //  Publicado el 18 de abril de 2024  //  11.30 horas, en Bogotá D.C

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Las bandas criminales de Haití tienen un control de facto de una buena parte del país insular, que comparte espacio con la República Dominicana. Dicho así, esto es apenas un accidente tanto geográfico como histórico. Pero en la compleja trama se unen no pocos factores, todos ellos o una buena parte en apariencia sin salida a la vista y que afectan a ambos países. En el vecino dominicano lo es por simple repercusión fronteriza. Esto en un panorama al que pareciera importarle muy poco a alguien. Incluso resulta evidente que ya no le importa a la comunidad regional. Menos le importaría a la extracontinental dentro del marco de confrontaciones que se presentan en Europa, el Oriente Medio y el extremo asiático. En el escenario cercano es como si la sensación generalizada de los vecinos se sintetizara en considerar al país con una situación sin remedio posible en el horizonte próximo. Se ha intentado encontrar salidas hasta no hace mucho tiempo, en especial luego de la devastación del terremoto que asoló al país en 2010. Aquella tragedia ocurrió el 12 de enero de aquel año y dejó la friolera de más de 200 mil personas muertas y 300 mil heridas. Lo ocurrido derivó en la llegada de una fuerza militar regional, con Brasil a la cabeza, cuya misión en principio fue evitar el caos derivado de la catástrofe. Pero después de la retirada de esas tropas continentales la situación de tragedia empeoró hasta llegar al panorama actual.

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La elevada cantidad de víctimas que dejó el sismo no solo se debió al nivel de 7 grados Richter del sacudón sino, en especial, por hecho de ser Haití un país con pobreza ancestral, tal como es ancestral su cultura desde el fondo de su origen africano. Un presidente asesinado en su propia casa, Jovinel Moïse, en horas de descanso. La participación de mercenarios extranjeros en el crimen y sospechas sobre la participación de su esposa en el asesinato son parte del cuadro trágico. Un plato que se completa ahora, con el reinante caos y el control de gran parte del territorio por las bandas armadas que imponen su ley al martirizado país de habla oficial francesa, con su dialecto cotidiano llamado “creole”. Una lengua local que desde 1987 es también oficial junto con el habla gala. La cadena de desgracias tiene además de la pobreza y como base, una institucionalidad casi inexistente y un hecho por demás desmesurado: se han registrado momentos en que un remedo de autoridad se alió con los criminales para sostenerse en sus asientos.

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La anormalidad sistémica ha convertido a Haití en lo que suele llamarse un estado fallido, porque casi nada funciona y su representación tanto interna como externa es papel mojado. Este criterio de derrumbe de representatividad se expresaría por la inexistencia de garantías a su población en términos políticos, económicos, sociales y educativos, entre otros indicadores que en sumatoria podrían llegar a dos decenas. Entre esos factores están la corrupción y la inseguridad, ambos desestabilizantes cuando son generalizados, como en efecto ocurre en ese punto del mapa. La limítrofe República Dominicana hace esfuerzos para marginarse del conflicto que tiene a sus espaldas, porque tiene claro que la conflictividad del vecino puede atravesar la frontera porosa. El equilibrio es inestable y temporal porque nada puede garantizar una tranquilidad interna cuando todo es desequilibrio en el vecino. El horizonte conflictivo de Haití no muestra por el momento un horizonte de una eventual normalidad que jamás ha tenido.

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Uno de los personajes que aporta al caos reinante en el país caribeño es un sujeto que fue expulsado de la policía. Se trata de Jimmy Chériziér, hoy considerado como líder de las bandas criminales que asolan la capital, Puerto Príncipe. El hoy pandillero ha propiciado la fuga de más 3 mil criminales detenidos y es conocido con el remoquete de “Barbicue”. El mismo Chériziér ha dicho sobre el apelativo que esto se debe al hecho de que su familia se dedicaba al negocio de carne a la brasa. Pero otras fuentes indican que el individuo se acostumbró a quemar casas particulares con la gente adentro. La carrera criminal del pandillero empoderado comenzó cuando aún prestaba servicios en la institución policial, hace 5 años, en una operación que le costó la vida a una decena de civiles inocentes. Luego de esos episodios sangrientos y ya sin el uniforme, asumió la jefatura de una las más radicales de estas agrupaciones ilegales y asumió una nueva vida entregado por entero a la criminalidad.

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El sujeto y sus subordinados ejercen poder incontrastable en varios sectores de la capital. Dentro del pavoroso escenario se cierne también sobre el martirizado país una hambruna generalizada. Entre otras razones porque son las pandillas las que controlan los accesos a los puertos por donde llegan los aportes del exterior. Esto significa que las condiciones al respecto se profundizarán en lo que ya castiga a la mayoría de la población. Se calcula que por el momento son unos 5 millones de pobladores los que se encuentran bajo la línea de ingesta necesaria, para sostener la vida de manera digna y segura. El país tiene hoy unos once millones y medio de habitantes. De tal forma que la cifras indican que sufre hambre casi la mitad de la población. La extensión del drama es probable no solo por las condiciones internas sino por el hecho de la vigencia de un cuadro de conflicto internacional grave, lo que hace que Haití pase a un plano de importancia cada día más subalterno en su crisis y el sufrimiento de sus habitantes.

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Indicadores complementarios del drama colectivo dicen que los haitianos sufren sometimiento de las pandillas como universo paralelo, porque el derrumbe social no es parcial sino integral. La agricultura, en particular el cultivo de arroz básico en la dieta local, cayó de manera vertical desde la llegada de ayuda humanitaria. Esto a partir de los desastres naturales derivados no solo del terremoto aludido sino también del recordado huracán Matthew, ocurrido en 2016. El derrumbe de los cultivos propios golpeó a las microempresas urbanas, las que también desaparecieron y con estas se produjo la pérdida de trabajos, incluso los callejeros. También quedó desintegrado el sistema educativo y los jóvenes, así como la niñez, cayeron en brazos de los pandilleros que incluso controlan el mercado negro de alimentos. Existen unos dos centenares de estos grupos en Haití, 23 de ellos en la capital. Nayib Bukele y su gobierno en solitario plantean la posibilidad de una ayuda concreta al maltratado estado caribeño y ofrece refugio a sus autoridades, ello porque el vecino dominicano rechaza tal presencia en su propio territorio (aresprensa).

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