PETRO VA HACIA EL GÓLGOTA
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ACTUALIDAD  //  DOXA  //  Publicado el 12 de julio de 2023  //  11.45 horas, en Bogotá D.C.

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Transitó desde siempre ese camino y la plañidera de sus escasas confidencias sobre el arranque de su pasado político y un presente de larga duración, pareciera confirmarlo, a partir de su inserción en los distintos cargos oficiales que ganó por el voto. Esto después de pasar por la ilegalidad e ilegitimidad de la subversión armada dejada atrás. Dicen sus críticos y no pocos de quienes lo conocen de antaño que Gustavo Petro recorre en efecto los pasos de un mesías secular que construye un sendero de redención, como entrega sagrada hacia los demás. También quienes lo conocen desde el interior de una replegada militancia no le conceden mayor confianza a sus amenazas ni a sus promesas, por igual. Ha buscado y supone que tiene las claves de la redención para un pueblo que se pretende rescatar de un demonio que en el mundo moderno resultaría ser el atraso, la postergación y la negación supuesta de derechos. Aunque sobre todo un rescate de un capitalismo que ellos consideran origen de todos los males y, si así quisiera considerarse, como isomorfismo del demonio.

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Sus discursos así lo señalan incluso antes de las arengas redentoristas con que se despachó a partir de la noche de su triunfo electoral. Basta con seguir las parrafadas lanzadas desde las Naciones Unidas, entre otras de similar tufo, y la evocación de púlpito por fuera del templo, pero con similares connotaciones religiosas en el simbolismo que cargan. En el solio del mundo apareció como un redivivo Führer dispuesto a poner al mundo patas arriba. Las últimas escandalosas evidencias de la variable que envuelven al interior de la administración presidencial, han llegado a la meseta superior de la parábola apenas en el primer tramo de su corto gobierno. Aún le quedan tres años largos de gestión y el camino que recorre hacia el calvario se supone que será igual o peor de escabroso. Sí está claro que al final del camino que recorre el timonel de esta administración, así como va, la cruz que le espera no será la principal sino la de los culpables que, como hacían los egipcios e incas, quedan fuera del buen registro de la historia.

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Debería suponerse que el actual presidente colombiano tiene espaldas fuertes como las tuvo su predecesor Ernesto Samper, para cargar el sobrepeso negativo, pero aún no se sabe si el camino del suplicio ganado con suficiencia aún sigue abierto hacia el futuro inmediato con tan difícil pronóstico en la sumatoria de sospechas y evidencias. La lluvia de sorpresas desagradables en lo que queda del recorrido todavía no se ha descolgado, lo ocurrido apenas son anuncios. El mismo presidente sobre el camino enfangado se encarga de agregar piedras grandes para tropezones anunciados. Negar y negar no siempre es creíble, cuando sobre la senda ayudan a poner las piedras los que hasta hace un instante fueron la tropa propia. Negar al hijo no fue una decisión de buena consejería, resta credibilidad por el principio y ahora se hacen inferencias entre las eventuales relaciones de campaña de Nicolás y los señalamientos de Armando Benedetti. No ha sido lo único, es una sumatoria con números que crecen, en múltiplos.

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Vale hacer memoria con las secuencias frescas. Les dijo no hace mucho a jóvenes aspirantes a oficiales de las fuerzas armadas y de seguridad que no escucharan a esas voces que pretenden interrumpir la vigente gestión gubernamental, en palabras aproximadas. Es muy difícil que eso ocurra en Colombia, pero esa constante invocación al golpe blando alarma a los que escuchan semejante expresión, en especial cuando se observa que los golpistas están adentro, con las mejores intenciones para guardar silencio hasta la víspera. Una funcionaria inmediata que guarda cuantiosas sumas en bolsas que son sustraídas de manera misteriosa y un embajador defenestrado con historias guardadas que comienza a revelar, no pueden ser otra cosa que emergencias creadas por golpistas de golpes duros, pero desde el interior del régimen, aunque atenuados para el prestigio de cualquier administración, con el crédito electoral que el presidente cree que aún mantiene y sigue en primer plano de su retórica.

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Aquel Salvador del relato religioso caminaba a los tumbos golpeado por insultos sobre culpas que le endilgaban y nada tenían que ver con su prédica redentora. Lo hacía en conciencia de que su martirio lo era para la salvación al mundo. De este otro mesías nada se sabe al respecto, pero él en otro plano de su discurso está seguro de que no está demasiado distante de aquel otro Salvador que la religión mantiene vigente en su relato. Cree que lo que él supone “su” pueblo lo salvará de aquello que lo señala: la oposición, la prensa, el “imperio” y todas las demás culpas que siempre están enfrente. Él es “sirviente” de sus seguidores, dice suelto de cuerpo, muy suelto, con la obsesión, inquina y pugnacidad que no se le conoció a Cristo. Supone quizá que está destinado a expulsar a los mercadores de cualquier templo que ya se sabe, odia sin distingos, a diferencia del otro. Los odia porque representan a los impugnados traficantes de mercancías y porque todos los de su secta aún no han descubierto que sus modelos amados: China, Rusia y Vietnam, entre otros, hace décadas que se pasaron al capitalismo, sin genuflexiones ni invocaciones. Por algo será.

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Pero claro, en el subcontinente del atraso incluso en lo ideológico, nada ha cambiado y todo sigue como antes de 1989. El capitalismo, en especial en su rostro neoliberal, es un Belcebú activo y debe ser erradicado con todo lo que significa la impugnación militante. Es por eso que una de sus altas funcionarias defenestradas escribió el hilo “las EPS no curan, facturan” en lo más caliente del debate por la controversial reforma a la salud que impulsó la talibán Carolina Corcho. Aunque Corcho borró después el exabrupto, la caída de la máscara no extremista y buscadora de consenso ya había ocurrido de manera irremediable con esa y con otras manifestaciones de similar calibre. La impugnación al mercado y sus lógicas están sustentadas en la ignorancia. Estos marxistas filtrados y de segunda mano ni siquiera leen o les interesa saber no solo lo escrito en el original del siglo XIX ni en los que siguieron al maestro. Si hubiesen leído de pasada algo de la Escuela de Frankfurt hubiesen tal vez tropezado con un tal Benjamin y se hubiesen enterado lo que este marxista de vanguardia pensaba de la mercancía.

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Lo que esbozó el malogrado Benjamin fue lo opuesto en lo diametral a lo que siguen creyendo estos vendedores de humo ideológico y del atraso. Eso de la demonización no lo decimos nosotros, lo ha dicho el propio presidente Petro en sus invocaciones sacramentales y estuvo escrito en los carteles de quienes salieron a apoyarlo en las recientes no tan numerosas marchas de apoyo a la debilitada gestión. La fragmentación del apoyo del poder legislativo y la construcción de un respaldo volátil que se desmoronó y terminó con la ilusión del momento sobre el paso y consolidación de varias de las reformas que el Ejecutivo imaginó darían soporte material a la idea redentorista. Otras, como la reforma al sistema de salud que acepta y cubre a la gran mayoría de los colombianos, se encuentra en trámite esquivo y en capilla. Así se ve el panorama a la hora del desayuno que, como es obvio, siempre se anticipa al almuerzo. Nadie quiere que le vaya mal al actual mandatario y a sus colaboradores, pero lo que hacen y hagan debe beneficiar a todos y no solo a los de su cuerda (aresprensa).

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EL EDITOR // junio de 2023

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