TROPEZONES TOTALES EN UNA PAZ DISTANTE
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ACTUALIDAD  //  LA TERCERA OREJA  //  Publicado el 27 de marzo de 2023  //  20.45 horas, en Bogotá D.C.

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Se ha sabido que el Eln impone condiciones poco ortodoxas en la mesa de negociación en la que aún no se sabe dónde está el horizonte verdadero. En el contexto de esas charlas introductorias, que no conversaciones afirmadas, la subversión y la delincuencia a secas, esta última bien organizada y armada, sigue haciendo de las suyas. El gobierno de Gustavo Petro, ¡bien, gracias!, viviendo sabroso. Eso es al menos para algunos de los áulicos, entre ellos el hijo del propio mandatario, Nicolás, de quien parece que ahora debe transitar el calvario de ser señalado como corrupto, aun cuando el señalamiento poco le importe porque tanto él como su padre son parte del sistema. Esto aunque el vástago de ese poder, en el tránsito por el camino equívoco de llevar plata gris para sus bolsillos -es de lo que se le señala- se supone que trabajaba solo para él o para la ecuación del álgebra ahora degradada del indicado poder. Ecuación funcional en la capacidad de persuasión del hijo del presidente y del peso simbólico que cargaba sobre la espalda. En el entretanto aún no se conoce el nombre de un supuesto campesino muerto en los actos vandálicos que protagonizó un grupo de violencia extrema, autor del incendio de instalaciones petroleras y de la muerte de un efectivo policial en condición de indefensión, además del secuestro de sus compañeros. Sumado a esto, en adición parcial, el grupo autodenominado Autodefensas gaitanistas de Colombia, mejor conocido como Clan del golfo, da muestras de su fuerza poniendo en condición de sometimiento y angustia a un extenso territorio del país, luego de que el Estado impusiera la contención a sus actividades de extracción ilegítima e ilegal de minerales, contaminando como consecuencia el medio ambiente.

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Al tiempo, en los hechos, esa organización fascinerosa rechazó el cese del fuego bilateral que ofreció de manera generosa e ingenua el nuevo gobierno al terminar el año anterior. Se sabe que en estos temas de Estado no puede haber infantilismo, porque eso de la razón de estado ingenua tiene otro nombre excluyente. En paralelo, en el Meta, el partido Comunes clama frente a la persecución de aquellos que acordaron la paz que ofertó el gobierno de Juan Manuel Santos y se acogieron a la reinserción en sociedad. La persecución la realizan quienes hasta ayer fueron compañeros de armas de los reinsertados. Eso es obra de las conocidas “disidencias” de las Farc, que lo siguen siendo en barbarie. El cese del fuego propuesto y orquestado por el gobierno careció de protocolos de ejecución y verificación. Vaya tamaña estupidez. En paralelo, la suspensión del cese del fuego para quienes operan como “Autodefensas” llegó tarde y estuvo mal gestada. Por ahora, lo cierto es que la llamada Paz Total, anhelada por todos, se desarrolla en lo que parece un parque de diversiones trágico, en el módulocarros chocones”.

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En lo que hace a lo específico de las conversaciones que se desarrollan en el exterior con los disolventes, hay una cabeza de turco que recibe todos los golpes por el momento, porque el desgreño que se ve en el curso de la gestión de la actual administración, incluida al que corresponde a la llamada Paz Total, puede hacer aparecer otras cabezas como justas víctimas propiciatorias. El expuesto a toda censura es el Comisionado de paz, Danilo Rueda.  Uno de los ingredientes trágicos de este proceso de pacificación sonámbulo y cercano al paso de los zombies, aparece en el asesinato de un oficial de la policía en la asonada criminal que tuvo por escenario el Caguán, en recientes episodios de violencia sin límites. Esto ocurrió a inicios del mes que termina y no ha sido el único hecho de descalabro social e institucional que estremece al país en estas semanas de un trimestre poco menos que absurdo, si se le suman a esto el conjunto de contradicciones en los hechos y las estupideces de discurso. Las justificaciones y explicaciones a medias por lo ocurrido en el Caguán oscurecen más que aclaran la estela del estropicio que afecta a las instituciones.

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En particular a las instituciones armadas, sometidas al escarnio por parte de quienes no respetan la ley ni los derechos de los demás, de la misma manera como parece que tampoco las respetan aquellos que debieran hacer cumplir la ley, desde la cabeza civil. El uniformado Ricardo Arley Monroy Prieto fue degollado por uno de los criminales que integraba la turba. Eso no fue lo único y las variables de tanta o mayor gravedad que enmarcaron los sucesos, se han sabido a cuentas gotas hasta las recientes declaraciones del director de la Policía Nacional colombiana, general Henry Sanabria, quien aseguró que los asesinos avisaron que matarían a los secuestrados en grupos de siete si se intentaba rescatarlos. La sevicia de los secuestradores demostró que no dudarían en pasar a los hechos, porque su ADN histórico así lo señala y siempre lo han practicado en esas zonas de conflicto. No aceptaban que en el documento final del acuerdo inestable que se firmó en el sitio de la confrontación se pusiese la palabra “secuestro” y el gobierno aceptó el repugnante eufemismo decerco humanitario”.

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Una acción vil que carecía en verdad y de toda condición humana respetable. Sí fue de naturaleza bestial. Al final, los asesinos en turbamulta aceptaron liberar a los uniformados secuestrados y humillados, que no recibieron el apoyo institucional exigido, en el momento oportuno. Los rebajados en su dignidad por los facciosos fueron despojados de pertenencias personales, armas y bagajes. En otras palabras, fueron saqueados tal como hacían en premodernidad los bárbaros y lo siguen sus herederos vigentes.  Los autores de estos hechos no son humildes campesinos o reclamantes de derechos que se les niegan, aunque esto último esté en el inicio de los acontecimientos. Es gente que vestida de civil se organizó en formación militar, tal como quedó registrado por noticieros del país y que fue visto sin restricciones. ¿Quién daba las órdenes a la horda armada, camuflada con ropas de labriegos y encapuchada?; es de suponer eso sí, quiénes fueron: los irregulares que estaban entre ellos y los que estaban más allá, resguardados. Acciones similares han sido una táctica de largo aliento en esos territorios dejados de la mano de todos, también del Estado. Los justos reclamos de algunos no pueden seguir siendo el pasto seco que dé argumento incendiario a los delincuentes ahora impunes.

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La horda estuvo estimulada por el aliento del no accionar de la fuerza pública y los brazos caídos ordenados por mandato superior, que se dan con desparpajo y con aclaraciones tardías y vacías de argumentos, porque lo primero es la protección de la ciudadanía de bien y quienes acuerdan con el orden que establecen la Constitución y las leyes que de esa Carta se derivan. No es posible romantizar el terrorismo porque eso lleva no solo a la humillación vista sino también a profundizar la guerra, tal como bien lo dijo alguna vez alguien que mucho sabía de esto antes de la segunda conflagración universal del siglo pasado. Romantizar la condición del niño cuando está armado o preparándose para matar es lo que Lenin llamó infantilismo. Un niño cuando está en esas condiciones ha perdido la esencia de su inocencia. Seguir en ese camino con relato mesiánico, para colmo, es la antesala de peores cosas que estarían por venir. El infantilismo, cuando se está a cargo del Estado, es minoría de edad en el sentido que lo planteó Kant o el mismo Lenin, aunque este último se refirió a los propios.

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En otras palabras, lo visto bien podría considerarse ineptitud para ejercer lo que exige el estado de derecho. Además, lo ocurrido y sigue ocurriendo en la zona intermedia entre los occidentales departamentos de Antioquia y Córdoba es otra demostración de lo antes dicho. La delincuencia organizada en montonera ofensiva y reprimida en el ejercicio de la minería y otras economías ilegales atacó con bloqueo y amenazas a la población civil. En los primeros días de la ofensiva, haciendo caso omiso a los reclamos públicos de las autoridades locales y departamentales, la violencia de los marginales reinó como se supone que lo hace Pedro en su propia casa. Mal panorama para la pretendida Paz Total, sobre la que con rapidez se ha perdido credibilidad. Más aun, fuentes de toda confiabilidad informaron a esta Agencia que en las conversaciones con el llamado Eln, estos exigieron la ruptura con las otras organizaciones delictivas que con ellos compiten en los territorios ahora asediados Esta organización subversiva no solo compite con ellos, a veces coinciden en los negocios negros y esto es tradición del Eln en esas regiones, por décadas inestable (aresprensa).

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