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BRASIL Y COLOMBIA: UNIÓN EN EL ARTE / ARTES VISUALES / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

 

Publicado el 27 de octubre de 2016 / 09.20 horas, en Bogotá D.C.

BRASIL Y COLOMBIA: UNIÓN EN EL ARTE

Se trata de una galería brasileña que decidió como política el promover artistas colombianos emergentes en unión con brasileños en la misma condición. El nombre del galerista es el mismo de la casa de exhibición: Eduardo Fernandes y en este 2016 asiste por quinta vez a la feria de arte de Bogotá, Artbo. Una de las artistas representadas por el galerista es Clemencia Echeverri, pero no es la única.  Fernandes pretende, en especial, hacer una mixtura de piezas y de tendencias estéticas entre la producción plástica de creadores de ambos países. En la lista también están Alberto Lezaca y Vicente de Mello, para ejemplo de ese propósito. Se trata de un impulso pragmático más que una vocación romántica: se exploran posibilidades y tendencias de mercado, con base en propuestas estéticas vanguardistas, que no excluyen la presencia de trabajos en los que las tecnologías son un eje de creación. En entrevista con ARES, el dealer paulista señala que hay una cierta marginalidad en la movilidad del arte latinoamericano y que eventos con Artbo pretenden acortar distancias con polos internacionales que muestran avances en iniciativas que podrían servir de muestra a la región, si es que aún esta se encuentra tan a la zaga.

Entrevista: Martha Liliana ROMERO

Fernandes supone que el arte con sus lenguajes dice de las identidades de una cultura o de las muchas culturas de un país o de una región. Entiende en esos términos que brasileños y colombianos, sin excluir a otros latinoamericanos, dicen lo mismo en una polifonía de trazos formatos y dimensiones, que en realidad conforman una sola voz con matices.

Arte es formación de identidad -explica el galerista- es la representación de una cultura que al tiempo refleja una manera de educarse y de experimentar. Pero lo hace de una manera especial y sin dejar espacio para el aburrimiento. La razón de reiterar la visita a esta feria es la de fortalecer la relación directa entre el arte de Colombia y el de Brasil. Eso nos permite acreditarnos en las corrientes del arte latinoamericano y cerrar vacíos de conocimiento entre nosotros.

Es una aspiración curiosa la de Fernandes, porque más allá del llamado de la historia y la declamación política o económica a veces estridente y conflictiva como ocurre en la actualidad, eso de las identidades comunes entre los latinoamericanos suele ser lo que los sajones llaman wishful thinking y que más allá de ese pensar con el deseo es muy poco lo que se avanza en la aspiración de un destino común. ¿Cómo cree Fernandes que es posible cambiar un rumbo centrífugo, distante, y a menudo de espaldas entre sí?

No se trata de vincular la historia -enfatiza Fernandes- pero hay significados, significantes y perspectivas de las historias personales que vivieron los artistas, que son comunes y los vinculan entre sí, aunque hayan tenido esos puntos de intersección en distintos lugares, eso es un factor de unidad que pasa a las obras. Eso hace que no se pueda hablar de un arte local pues lo contemporáneo tiende a no ser de una nacionalidad y está por encima de las fronteras

La reflexión del promotor de arte paulista lleva a recordar a su compatriota -también paulista- Renato Ortiz, un sociólogo que enfatizó la vigencia y necesidad de la “glocalización”.  Eso no es otra cosa que la capacidad de vincular lo local con lo global en un movimiento dialéctico constante. Aunque en la práctica es algo que no siempre trae beneficios -como lo podría demostrar la invasión universal de productos chinos- queda como beneficio de inventario la evidencia de las buenas intenciones y cierto candor que, como el papel de regalo, debe hacer presentable toda intención estratégica, incluida la del mercado y, de manera específica, la del mercado del arte. Eso no es malo y tampoco es ingenuo, pero para el caso y con nombre propio, ¿quiénes son los protagonistas del experimento?

Los tenemos -afirma Fernandes- ahí están Clemencia Echeverri, Alberto Lezaca y Vicente de Mello, pero no son los únicos. Son distintos en sus propuestas y creaciones, pero parecen de un mismo sitio. Todos son parte de un mundo sin fronteras y aunque haya influencias globales muy fuertes, como la de la tecnología, siempre está en ellos la intención del rescate de lo humano, que es parte de nuestra política como promotores del arte.

EDUARDO FERNANDES

En estos menesteres suele aparecer otro protagonista: el curador. Es una figura relativamente contemporánea y la misma denominación parece ajustarse poco a lo que en verdad hace como mediador de las dinámicas del arte. A ese protagonismo debe agregarse otro punto terminal del proceso de circulación de la obra y es el coleccionista, sin cuya presencia es difícil movilizar la pieza de arte. ¿Cómo ve Fernández el rol de ambos operadores?

Entiendo a la curaduría como una escuela -precisa el galerista- y cada experiencia en este campo está vinculada a una perspectiva individual y al bagaje de cada curador, cuando selecciona un lote de obras. Es como el estilo en un escritor: intransferible. En lo que hace al coleccionismo, creo que en América Latina hay todavía una cierta sensación de atraso, de marginalidad en lo que hace a la posibilidad de mover la obra hasta ese punto terminal. Esto si se compara con lo que sucede en Europa y en los Estados Unidos, donde existe una tradición y las posibilidades de desarrollo son grandes.

La bitácora de artistas de la galería de São Paulo es abultada. Además de los nombrados, están en ella los colombianos Luz Lizarazo, Rosario López y Fernando Arias. Junto a ellos los brasileños Daisy Xavier y Claudia Melli. En esa lista extensa también está Óscar Muñoz, el creador de Popayán que tiene atención especial por parte de la promotora de arte brasileña. Muñoz tiene a la corporeidad, la desintegración y lo efímero como un tema recurrente de sus obras.

Admiro el trabajo de Muñoz -confiesa el entrevistado- y la manera como representa el sentido de la experiencia, la acción y la vida en sus obras. Él sintetiza muy bien el arte contemporáneo de América Latina. Eso da esperanzas como para imaginar que es posible acortar distancias con la marginalidad a la que a veces parece que estamos condenados. Veo a través de esas trayectorias un crecimiento muy grande de Brasil y de Colombia en la producción estética (aresprensa).  


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