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VARGAS LLOSA EN MANILA / LENGUA ESPAÑOLA EN FILIPINAS / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

Publicado el 08 de noviembre de 2016 / 20.45 horas, en Bogotá D.C. // 09.45 horas del 09 de noviembre, en la República de Filipinas 

VARGAS LLOSA EN MANILA

Aun cuando programada, la visita de Vargas Llosa a Manila estuvo rodeada de un ambiente enrarecido en esa sociedad -que gobierna con dureza antidelito el presidente Rodrigo Duterte- esta se cumplió sin dificultades en la superficie. El premio Nobel peruano está desde la semana anterior en la capital del archipiélago para disertar sobre sus temas recurrentes: la literatura por un lado y la política por el otro, de lo primero hubo mucho y de lo otro esta vez nada, o casi. Esto dentro de unos límites que no excluyen su glamorosa vida personal, en pareja con la mediática Isabel Preysler, ciudadana filipina ex mujer de Julio Iglesias y actual residente ibérica con pasaporte español, el cual también porta el laureado escritor peruano. Vargas Llosa es un personaje polémico y también lo es el presidente Duterte, pero por razones bien diferentes. Duterte prometió en la campaña que lo llevó a la presidencia acabar de manera letal con el creciente flagelo del narcotráfico y de quienes alientan el consumo de alucinógenos. La administración de Manila está cumpliendo la promesa de campaña y ya son más de 4 mil los muertos en lo que parece una limpieza social con medios paralelos a la institucionalidad y por fuera de los tribunales de justicia. El nuevo presidente filipino asumió el 30 junio, de este año, y se aproxima al primer semestre de gobierno en medio de una fuerte polémica internacional, al revés de un fuerte respaldo en el interior del país. En ese complejo panorama llegó Vargas Llosa, un reconocido defensor de la justicia y de la democracia, dentro del paradigma liberal clásico de respeto por la diferencia y por los derechos.

Escribe: Néstor DÍAZ VIDELA

Vargas Llosa es portador de un peso simbólico demasiado fuerte para la hispanidad y su presencia en las islas asiáticas está más allá de la anécdota académica o la crónica social: ganó su premio Nobel por sus libros y tradición intelectual en lengua española, la misma a la que la dirigencia filipina le volvió la espalda, después de 1945 y echando tierra al holocausto de Manila que dejó, como corolario de la Segunda Guerra Mundial, unos cien mil muertos civiles manileños, en su mayoría de habla española raizal. La llegada del Papa argentino, Francisco, el rey y la reina de España, y ahora la presencia de Vargas Llosa, son la contundente evidencia de la relación de las islas con su ancestro anclado en la presencia española durante más de tres siglos en esa parte del mundo, primero a través de México hasta 1821 y después con el control directo de Madrid, hasta 1898.

La imposición violenta del inglés por la administración colonial de los Estados Unidos, hasta 1946, junto con la desaparición física de los hablantes hispanos nativos debido a la represión y el aniquilamiento, primero en la llamada “guerra olvidada” -antes del holocausto de 1945- acaecida en los primeros años del siglo XX, produjeron la reducción de casi un 30 por ciento de la población local y frustró la independencia inicial de las islas. Esa fue la causa primigenia del vaciamiento cultural producido en las islas y la erradicación del habla española para dejar paso al inglés, de manera vertical, entre la década del 70 y fines de los 80 del siglo pasado. Dos de los principales responsables de la marginación final del español de su rol preeminente en el país y del cierre del vaciamiento, fueron los expresidentes Ferdinando Marcos y Corazón Aquino.

El primero le quitó la oficialidad a la lengua de Cervantes y la segunda le impidió el ingreso a la nueva Constitución, en 1986, y del pensum educativo. La visita del más alto jerarca de la Iglesia hace dos años y sus discursos públicos en español, además de la visita ahora del Nobel peruano están señalando que está en mora una reparación histórica de la dirigencia filipina con el reconocimiento de su herencia hispana. Ajuste de cuentas que de manera parcial empezó la expresidenta Gloria Macapagal Arroyo, al reinsertar de forma optativa, aunque no como política de Estado, la asignatura de lengua española en la educación media del país. Marcos había sido el primer presidente que arribó al cargo sin tener al español como su lengua madre, el último con esta condición que en su momento se consideró sine que non para ser mandatario filipino, fue Diosdado Macapagal, el padre de Gloria.

Esta última, además, es integrante de la languideciente Academia Filipina de la Lengua Española. No se sabe cuál es la mirada al respecto del actual presidente Rodrigo Duterte, pero si se tiene en cuenta que no hubo pronunciamientos previos sobre el tema al asumir la presidencia, ni hay señal oficial alguna hacia un eventual mayor acercamiento para fortalecer los lazos con la comunidad universal de habla española, como no la hubo por parte de su predecesor Benigno Aquino -el hijo de Corazón Aquino- es muy poco lo que puede esperarse. En el terreno de la señalada reparación histórica que de manera tímida inició la señora Macapagal Arroyo, poco se hizo después en tal sentido. Por ahora, es el Instituto Cervantes el abanderado y solitario ente que lleva adelante el propósito de reencuentro de los filipinos con la que fue su lengua oficial, hasta la llegada de Ferdinando Marcos al manileño Palacio de Malacañán.

MARIO VARGAS LLOSA

Es esa la verdadera importancia de la presencia de Vargas Llosa en Manila. Invitado por el Instituto Cervantes el escritor que fue parte del “boom” de la literatura latinoamericana que coloreó la década de los años 60, con títulos como “Pantaleón y las visitadoras”, o “La Tía julia y el escribidor”, llegó a un escenario donde casi 10 mil jóvenes tratan de aproximarse al español, vía aprendizaje, como garantía de trabajos mejor remunerados, en una sociedad en la cual el desequilibrio social y la marginalidad golpean de manera especial a las nuevas generaciones. Esas que se pierden arrastradas en la adicción del narcotráfico, que Duterte sanciona con una represión que ha sido considerada como brutal y que el folclore derivado de la cinematografía, compara con un personaje que en los años 70 protagonizó Clint Eatswood, asociado con formas heterodoxas de limpieza social.

Se trata de “Harry, el sucio”, remoquete y adjetivo con el que se conoce al actual presidente filipino -con exclusión del “Harry”-  en el sentido de que, sin pruritos, libra una guerra de gatillo fácil contra el crimen. Diez mil muchachos y chicas filipinos preocupados por retomar el hilo con una lengua que perdieron por decisión de las generaciones previas y con el aplauso silencioso de los norteamericanos, no dice mucho en un país de cien millones de habitantes. Pero sí lo es si se considera que hasta hace muy poco tiempo, nadie hacía algo mínimo por la recuperación del español y no pocos saboteaban -aún lo hacen- cualquier esfuerzo por ese reencuentro. Es en ese punto donde radica la importancia del paso de Vargas Llosa por Manila, un cultor de la lengua española por el rumbo de la literatura, cuya imagen ante los filipinos enfatiza la importancia del habla universal de Cervantes

En la ciudad que fue para el mundo hispano “la perla de Oriente”, así como fue La Habana la perla en el Caribe, el escritor laureado recibió varias distinciones y disertó sobre lo que sabe y recogió en su larga vida de intelectual. Llegó a Manila el 3 de noviembre y concluyó su actividad pública programada en la víspera, el martes 8, aunque prolongará su permanencia privada para conocer mejor el país, habiendo ya visitado a los manileños familiares de su compañera sentimental, en el interín de la nutrida agenda académica. Fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de La Salle y en su visita a la Universidad de Santo Tomás -donde dictó su charla en español “Confesiones de un escritor”-, fue nombrado profesor honorario. Opuesto a cualquier forma de populismo y de extremismo ideológico, el escritor no hizo menciones públicas a las formas de gobierno del presidente Duterte, un correlato relativo de aquel Alberto Fujimori que manejó al Perú con mano de hierro y recibió siempre el repudio público de Vargas Llosa. Un prudente silencio que ahora le permite al Nobel quedarse tranquilo unos días más en Filipinas (aresprensa).  


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