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LLEGA TRUMP / DOXA / ACTUALIDAD

Publicado el 13 de enero de 2017 / 17.45 horas, en Bogotá D.C.

LLEGA TRUMP *

Asume la presidencia de la principal potencia mundial un hombre que llega con escasos o ningún pergamino de peso político y con una saga de exabruptos como anuncio de decisiones de Estado que tomará, las cuales dejaron a muchos sin aliento después de su cuestionada victoria de noviembre. A otros, no pocos extremistas entre ellos, la llegada de Donald Trump a la presidencia les genera optimismo, esa manera de ver las cosas que, suponen, podría abrirles buenas perspectivas para sus propósitos políticos y sociales también contradictorios y para nada bienpensantes. Es que la encaramada de Trump a la Casa Blanca es una suerte de patada al tablero del mundo, que deja pocos pronósticos viables para la tranquilidad, salvo el hecho de que como buen norteamericano es pragmático, al menos para los negocios que le convienen. Pero, claro está, los negocios de sus empresas no necesariamente deben coincidir con los de un país lleno de responsabilidades con el resto de países, ahora con su influencia en retroceso, y una alicaída política exterior que durante décadas estuvo signada por el interés propio de la globalización y que ahora se aprestaría al aislamiento.

Un hombre optimista, aunque no extremista, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca es el presidente de Rusia, Vladimir Putin, el autócrata del Kremlin que afirma su poder mundial y que se hace acreedor en autorreferencia de la reciente victoria militar en Siria, para ser más precisos nada menos que en Aleppo. Existe una relación estrecha de arranque entre ambos presidentes, el vigente en la vieja Rusia y el electo en América del norte, aunque es una relación objeto de aprensiones y señalamientos equívocos que no se sabe cuál rumbo tomará una vez que el estadounidense asuma su cargo.  Sucede que se señala a la potencia euroasiática con mucha responsabilidad en la, para no pocos, imprevista victoria de Trump. Esto por las operaciones de inteligencia electrónica contra la candidata rival que habrían terminado en su derrota. Ocurre que esas acusaciones por lo reiteradas y difíciles de confirmar en su magnitud, aunque confirmadas por el propio Trump, aparecen como un contrasentido de la seguridad norteamericana, y como una verdadera operación de contrainteligencia.

Porque quienes apoyaron a Clinton se niegan a aceptar que la maltratada postulante demócrata no fue una buena candidata, nunca lo fue, y sí fue en verdad una verdadera espantavotos por su anticarisma que, entre sus votantes, nadie se atrevía a señalar como un factor de pérdida eventual de las elecciones. Pero, sobre todo para ella y sus adherentes, por haber ensillado el caballo de la victoria antes del resultado, no solo de las elecciones directas que favorecieron a la malograda candidata, sino del colegio electoral que decidía en el último tramo quién sería el nuevo presidente. Lo cierto es que el anticarisma de Trump fue la mayor ventaja para él, a diferencia de su rival de circunstancias. El candidato de díscola melena, como los buenos caballos de carrera, arrancó rezagado y con todo en contra. Eso no señala como contrapartida que su gestión sea positiva por anticipado, simplemente confirma que la ola de la inconformidad mundial estaba larvada también en los Estados Unidos y que afloró por donde menos se esperaba.

Para América Latina, la actitud del flamante mandatario es una incógnita que anticipa mayores incomodidades para unas economías en estado crítico. México no será el único damnificado si las previsiones negativas sobre las políticas anunciadas por Trump se cumplen. Argentina por su lado, poco puede esperar con el difícil equilibrio en que se encuentra y con un dólar alto puede desestabilizar los planes de reencauzamiento de la economía, con flujo de inversiones, las que para Buenos Aires no se produjeron durante el primer año de gestión de Mauricio Macri. Tampoco Brasil puede esperar que la corriente aislacionista que se anuncia desde Washington favorezca a un Planalto con graves dificultades políticas y en una larga recesión que no apunta a replegarse. Para la Venezuela chavista y esa Colombia en proceso de implementación de su acuerdo con las Farc, tampoco las cosas pintan bien. Las posiciones radicales de quienes rodean a Trump y lo aconsejan para la región, son acérrimos adversarios de las políticas que llevó adelante Santos para hacer bajar las armas al grupo subversivo.

Ellos, los asesores, tampoco aceptan la alianza tácita entre Colombia y Venezuela, que permitió aportar apoyo a la negociación habanera, con el elevado costo de cierta subalternización colombiana al despotismo generalizado que se proyecta desde Caracas. Venezuela y Cuba bien podrían ser blanco de unas políticas con diámetro opuesto a las de acercamiento y distensión que puso práctica su antecesor, el saliente Barck Obama. Pero si para México, y sus vecinos la nueva administración de la Casa Blanca puede ser amenazantes en sus anuncios, hay otros que tienen razón para mayores tribulaciones. No lo es menos para países como China, Irán o Corea del Norte. Aunque debe advertirse que a este último poco le importa quién esté en la Casa Blanca pues su actitud y desafíos son al Estados Unidos integral y profundo y a sus aliados. Las circunstancias de políticas diferentes en diferentes gobiernos de la unión americana poco afectan la impugnación constante de Pyonyang.

Trump considera que China ayuda poco para desalentar el crecimiento nuclear de su belicoso vecino. Eso en otras palabras significa que para Trump, la dirigencia de Beijing deja hacer a Kim Jong-un contra Corea del sur y contra Japón, para empezar. Porque, entre otras múltiples, las quejas contra los chinos pasan por el tema comercial, la capacidad industrial exportadora y la tensión en el mar que la potencia asiática comparte con Filipinas, Vietnam y otros países del sudeste asiático, allí por donde pasa la mayor cantidad mundial de buques. El Medio Oriente, al otro lado del mundo, es donde Triump piensa alterar de manera radical lo hecho por los gobiernos demócratas. Si a eso se le suma el cambio del tablero político en Irán y Trump rechaza los acuerdos con este país en lo que hace a su plan estratégico nuclear, al tiempo que refuerza las posiciones más duras de Israel, no cabe duda que lo que viene es imprevisible.  El condimento final es ese cambio próximo de un gobierno iraní moderado por otro radicalizado, como aquel tuvo a la cabeza a Ahmadinejad.

Así y todo, la principal contracorriente contra el nuevo mandatario norteamericano estará en el interior. No cabe duda que la oposición de núcleos duros de sectores que se consideran marginados o en plan de serlo en la nueva administración, ya se han manifestado en pie de guerra interior y desde el mismo momento de su triunfo. El heterogéneo frente está conformado por las minorías de distinto tiempo que se sentían representados por las políticas y discurso del presidente afrodescendiente. Aun cuando este no cumplió muchas de sus promesas o vio obstaculizado el curso de sus planes de gobierno por la oposición republicana, la presencia de Barack Obama al frente del gobierno norteamericano durante dos periodos fue siempre fue una esperanza de tiempos mejores. En particular para los que de manera secular han visto siempre relegadas sus expectativas de igualdad y mayores oportunidades.  Aunque Donald Trump siga siendo una incógnita no cabe duda de que será lo opuesto a su predecesor (aresprensa). 

 

EL EDITOR 

Enero de 2017

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* La columna Doxa expresa la posición editorial de la Agencia de prensa ARES


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