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DAVOS, OPTIMISMO RECORTADO / ACTUALIDAD

Publicado el 20 de enero de 2017 / 21.30 horas, en Bogotá D.C. 

DAVOS, OPTIMISMO RECORTADO

Es una coincidencia extraña pero así fue: la reunión de Davos coincidió con la asunción como presidente de Donald Trump y, al tiempo, con la presencia en cartel de la película “La Confesión”, en varios países de América Latina. Ambas coincidencias son anécdotas, pero es curioso porque en el primer episodio, el de la toma de control de su cargo por parte del norteamericano, aparece la posibilidad de que la nueva administración de Estados Unidos vaya en contravía del núcleo de valores que defienden muchos de los de Davos. En el segundo caso, no cabe duda que la trama de la película de Roberto Andó mucho tiene que ver con los misterios que esconden este tipo de reuniones. Vale decir, lo que corre por debajo de la mesa es más espeso que lo que se ve sobre ella.  El escenario de esta edición recién concluida tuvo mucho del glamour al que da oportunidad la ocasión. La del presidente colombiano entre otros y aspectos livianos de algunas de las celebridades que concurren, de la que no estuvo excluida una ciudadana conocida de ese país tropical, cantante para más datos, y bendecido ahora con algunos beneficios de la pacificación negociada. El encuentro de Davos 2017, tuvo lugar en la localidad suiza que lleva ese nombre, entre el 17 y el 20 de enero.

Escribe: Rubén HIDALGO

La sensación generalizada que enmarcó la reunión fue agridulce porque el panorama internacional es contradictorio. Por un lado, el optimismo que generan la evolución de mercados en alza, la recuperación de los precios de los hidrocarburos y una atenuación de las aprensiones por la baja de la evolución económica china.  En sentido opuesto, los anuncios del nuevo presidente de los Estados Unidos y sus amenazas en contrario de las corrientes de globalización económica que alentaron las últimas administraciones norteamericanas, además de un panorama político contradictorio en las democracias occidentales, entre otros aspectos de inquietud mundial, jugaron en contra del optimismo de los indicadores económicos del momento. En ese panorama que desafía lo más profundo del orden de la posguerra mundial, los cerebros y también los figurones de Davos se dieron su toque de pasarela económica que pasó a ser complementaria del maquillaje y el paneo de cámara de televisión.  

Los temas tratados son, como siempre, variados pero vinculados con las diferentes inquietudes y crisis de coyuntura que afronta el mundo en cada ocasión del encuentro. Aunque a diferencia de los otros foros de este tipo, aquí no se toman decisiones que afecten o beneficien a los demás. Davos no tiene dientes. Eso sí, la pretensión es brindar aperajes conceptuales o descriptivos de causas y consecuencias posibles de las dificultades. En esta edición se abordaron los problemas y situaciones que deterioran las condiciones de las clases medias, tan afectadas por los vaivenes vigentes y las incertidumbres que generan. Es por eso que los puntos considerados giraron ante temores en carne viva, tales como como “la inflexión de la tolerancia”, la “rebelión de los olvidados” y lo que se llamó “era de la postunión europea”.  Esos títulos son generalidades, como se ve, de las preocupaciones que acechan al mundo y, sin decirlo, se señalan como factores que ponen en riesgo el equilibrio de las diversas sociedades en particular y la paz del mundo en especial

Al margen de lo anterior, el liderazgo fue una línea de debate que cruzó de manera fuerte las mesas de trabajo, incluso de manera implícita. No es para menos porque no pocos especialistas consideran que la falta de claridad en ideas y acciones de los liderazgos de las élites en los principales países, son los que proyectan las sombras actuales.  Una confianza deteriorada en las instituciones y en quienes las orientan son motivo de preocupación ante el resultado de los recientes procesos políticos que tuvieron derivas sorpresivas e incluso revulsivas, la elección de Donald Trump no ha sido la única, como queda a la vista. La confianza en la democracia representativa ya no es la misma y los apoyos de la opinión pública a esa forma de dinámica política ya no son contingentes sino precarios. ¿Cómo explicar que la sociedad colombiana no haya apoyado de manera contundente a su proceso de negociación con un grupo terrorista que la desangró desde hace décadas, pero que decidió deponer las armas?

En ese panorama aparece claro que tampoco hay confianza plena en un libre mercado que “derrama riqueza” e incluye a quienes no la tienen.  Si alguna vez la hubo, los últimos informes de concentración de esa riqueza desmienten cualquier devaneo idealista al respecto:  el último reporte de Forbes dice que 80 personas de la población mundial acumulan un 50 por ciento de lo que se genera. En los 5 años pasados esa dinámica de concentración pasó del 44 por ciento a casi la mitad de los pobladores del planeta, y el fenómeno parece que por ahora no se detendrá. La precarización de las condiciones de vida de más y más gente también hace crecer el escepticismo ante las promesas y las esperanzas que los políticos y otros segmentos de las élites lanzan a quienes deciden con el voto en el sistema democrático. Aquel que no tiene o perdió su trabajo o vio disminuir la calidad de su entorno vital no está dispuesto a renovar su confianza en quienes representan al stablishment. Los réditos de la recuperación económica parece que no llegan donde debieran.

Es ese el ambiente propicio para los saltos institucionales al vacío o las opciones alternativas extremas e inciertas, y eso es lo que ocurrió tanto en las recientes decisiones inglesas ante el “brexit”, lo que decidió Filipinas a mediados del año pasado, o el rechazo a lo anudado por Juan Manuel Santos con las Farc, en el octubre reciente. También es eso lo que ocurrió en los Estados Unidos hace tres meses. Llama la atención que los núcleos de población que han tomado giros de opinión imprevistos y en contra de lo establecido, son las clases medias y en general segmentos de población que tienen un entorno mediano de seguridad de sus condiciones de vida, pero que lo ven amenazado por las decisiones de los dirigentes. Lo acaecido en tiempos recientes no debe hacer olvidar que el hartazgo hizo que la sociedad venezolana, se decidiera hace unos 15 años por el riesgo e incógnita que planteaban Hugo Chávez y su propuesta antisistema.                 

La corrupción rampante también juega en ese fenómeno del rechazo generalizado y la negación hacia los liderazgos que abren por cansancio o repudio la puerta a los mesianismos de distinto pelaje y sin distingos hacia la derecha o a la izquierda. La degradación por depredación al Estado ejercido por parte del gobierno de Cristina Fernández, fue una de las causas de la derrota de Daniel Scioli ante Mauricio Macri en la Argentina, hace poco más de un año. Aunque en este caso debe decirse que el electorado argentino desechó la continuidad del desastre institucional por un mal menor y no necesariamente por la mejor salida de una crisis aguda que anunciaba un nuevo derrumbe social. Uno más de los varios que ha tenido la Argentina en los últimos 40 años, por el fracaso de la dirigencia de distintas filiaciones, en especial de la dirigencia peronista. En ese marco, el encuentro de Davos permitió hacer radiografías del estado de cosas, en tiempos en que los diagnósticos y previsiones también están bajo la presión de la duda y la sospecha (aresprensa). 


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