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NISMAN, MEMORIA VIVA / DOXA / ACTUALIDAD

Publicado el 31 de enero de 2017 / 05.30 horas, en Bogotá D.C.

NISMAN, MEMORIA VIVA *

En este enero que se cierra se cumplieron dos años de la muerte, en sombrías circunstancias, del fiscal federal argentino Alberto Nisman y ahora, un año después del cambio de autoridades federales en el país austral, la justicia muestra cambios en su rumbo y se apresta a tratar de develar las reales causas de su muerte. El anterior gobierno encabezado por Cristina Fernández, con la complicidad de jueces afines, pretendió de forma ominosa cubrir con un manto de confusión y distracción perversa lo sucedido con la trágica suerte del alto funcionario judicial. Maniobras aquellas que llamaron más la atención sobre la verdadera identidad de los responsables concretos de esa muerte y, al hacerlo, ese gobierno se autoinculpó en lo que hace al armado y la ejecución del magnicidio. Así, apareció todo el perfil de un crimen de Estado. Los defensores de la familia de Nisman y una buena parte de la opinión argentina ya dio su veredicto de culpabilidad: el gobierno de Fernández, varios de sus allegados y tanto sectores como personajes oscuros que enmarcaron su gestión. De ese núcleo no podrían excluirse integrantes de las fuerzas de seguridad locales e incluso de cómplices operativos e ideológicos internacionales.

Todas las acciones que mostró el gobierno Fernández en contra del fiscal muerto, estuvo enmarcado por la perversión y el hampa como razón de Estado.  Una vez apagada la vida del fiscal de la Nación, desde la primera figura del Ejecutivo hasta la totalidad de su entorno, se trató de llenar de indignidad la memoria del malogrado alto funcionario del Estado, que había dejado planteada una grave acusación penal contra la presidenta por un turbio pacto con la República Islámica de Irán. Eso con el fin de dejar impune las responsabilidades de jerarcas de ese gobierno asiático con las acciones terroristas en territorio argentino, entre ellas el ataque a la mutual hebrea Amia, en 1994. Un hecho de sangre que dejó casi un centenar de muertos civiles.  La estulticia en la conducta del gobierno kirchnerista llegó a tal extremo en contra de la memoria del fiscal muerto, que en la luctuosa ocasión no hubo siquiera duelo oficial, ni se presentó condolencia alguna a su familia.

Por el contrario, el denuesto y la infamia o el insulto a la figura, el trabajo y la memoria del muerto mostró en el encono gubernamental una afirmación en la sospecha fuerte de un eventual complot que debía culminar con la muerte de Alberto Nisman. El fiscal fue hallado sin vida, con un disparo en la cabeza y en el interior de su residencia, justo en la víspera de presentar al parlamento argentino su grave acusación por traición a su patria, además del encubrimiento y la complicidad oficial tanto en el atentado a la mutual judía Amia, hace varios años, como en el posterior esfuerzo de firmar un tratado con Irán. El acuerdo, en términos potenciales, establecía condiciones de intercambio con ciertas ventajas comerciales a la Argentina por parte de Irán, al tiempo que, en compensación, se liberaba a Teherán de su responsabilidad con el referido atentado terrorista. El mayor ataque sufrido en la Argentina contra la población civil del país. Las difíciles relaciones argentinas con Irán que derivaron en los escabrosos hechos relacionados en el informe del fiscal muerto, se iniciaron a principios de los años 70.

Estos tocaban temas estratégicos generados durante un largo proceso que incluye el apoyo argentino para que la hoy república islámica -pero entonces gobernada por sha Reza Pahleví- desarrollase sus primeros pasos en la construcción de un poder nuclear. Argentina suspendió ese apoyo científico y tecnológico durante la gestión de Carlos Menem, en los años 90, después de la confrontación militar de este último país con Gran Bretaña y del retiro de los militares del control administrativo argentino, en 1983. Siempre se ha señalado que la suspensión de ese apoyo tuvo como respuesta el atentado a la Amia, ocurrido en Buenos Aires en 1994. Nunca quedó en claro la forma del armado y ejecución del plan terrorista en el que Irán desconoció su responsabilidad. Esa fue la médula de la investigación y del informe sobre el que Nisman trabajó una década.

El documento final, grueso y documentado en pruebas, tenía como conclusión el señalamiento de la complicidad de funcionarios del Estado argentino en los actos terroristas contra instituciones y ciudadanos judíos y, además, contenía la referida acusación tanto contra la presidente Cristina Fernández como contra funcionarios de primera línea de su gobierno. En este segundo caso, no por tener ellos algo que ver con la operación y diseño de lo que fueron los atentados, sino por la generación del ominoso acuerdo con la república iraní que terminaría en una absolución de facto de ese país y pasando por alto las decisiones de la justicia argentina. El órgano judicial había emitido órdenes de captura internacional contra los acusados directos de perpetrar los atentados, y ejecutar las acciones de guerra irregular contra víctimas civiles, en Buenos Aires. Todo eso y las implicaciones políticas y geopolíticas derivadas parece que sellaron la suerte y la oscura sentencia al margen de la ley que concluyó con la muerte del fiscal.        

Los peritazgos técnicos dispuestos por la propia familia del alto funcionario muerto han señalado, hasta hoy, que ese deceso fue en verdad un asesinato y no un suicidio. Esto último tal como de manera rápida salió a afirmar en su momento la vocería alrededor de Cristina Fernández y de un sector de la justicia que fue y le es afín. Después, con el cambio de signo político al frente del país, las decisiones y procesos judiciales variaron en lo que parecía una investigación empantanada, al tiempo que el aparato judicial hoy sin presiones del gobierno vigente, alteró el sentido de la investigación inicial. Al parecer, la Gendarmería Nacional argentina lleva adelante ahora un procedimiento pericial que parece ser definitivo para dar transparencia y el esclarecimiento requerido a los hechos trágicos acaecidos en el interior del apartamento del fiscal, entre el sábado 17 y el domingo 18 de enero de 2015. La búsqueda de respuestas sobre la cadena de hechos infaustos ha sido continua hasta hoy, y continúa.

Aunque debe decirse que tal pesquisa no ha sido acompañada por parte de todos y menos por aquellos vinculados con la gestión de la controversial expresidenta Cristina Fernández. Por esto, la memoria que siguió a la vida y el trabajo de Nisman no encuentran el debido descanso que obliga la justicia de quienes siguen presentes en la vida, por lo hecho, por lo dicho y por lo siniestro de lo ocurrido. El magnicidio múltiple y serial contra la comunidad judía en Argentina -desde el atentado a la embajada de Israel, al siguiente a la Amia y a lo que a posteriori parece ser el asesinato de Nisman-  no solo enlutan a una sociedad que pretende ser creíble en términos institucionales, sino que, en caso de no hallarse respuestas al respecto y no se encuentra y sancione de manera debida a los culpables, el futuro de la sociedad comprometida seguirá en un limbo negativo en la imagen que proyecta.

Además, Argentina también carga desde hace décadas con un baldón en el sentido de ir por el camino a ser un país fallido y, en palabras de Borges hacia los militantes de una facción política interna: “incorregible”. Esto, en lo referido a la incapacidad para encontrar solución firme a sus problemas sociales, institucionales y económicos; todos ellos endémicos y matriciales.  Lo ocurrido con Nisman es una suerte de paradigma, una frontera que los argentinos, y por extensión los latinoamericanos, deben cruzar para darle a las instituciones el vigor y la credibilidad necesarias para que los ciudadanos sigan creyendo que la vida en democracia es viable y que también es posible seguir apostando a la eventualidad de un mejor futuro dentro de ese sistema que el metarrelato llama Modernidad. La justicia y la igualdad de oportunidades, el “todos iguales” es parte de esa visión que a veces pareciera no terminar de alumbrar en el marco del mesianismo y la corrupción que campean en la región latinoamericana (aresprensa). 

EL EDITOR

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La columna Doxa expone la posición editorial de la Agencia de Prensa ARES   


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