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ODEBRECHT Y LA "LULABURGUESÍA" / ACTUALIDAD

Publicado el 09 de febrero de 2017 / 23.30 horas, en Bogotá D.C.

ODEBRECHT Y LA “LULABURGUESÍA

El juego de corrupción que desplegó Odebrecht por el continente como gran multinacional brasileña, no puede resultar extraño si se analizan los orígenes de la expansión de ese país, a partir de la presencia del Partido de los Trabajadores de Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff, en el Palácio do Planalto. Aunque también y en especial, desde del establecimiento del llamado Foro São Paulo, que pretendía recuperar las banderas de la izquierda, luego de que estas cayeran con la desaparición de la Unión Soviética. La reconformación del marco ideológico y geopolítico continental tendría como soportes la fortaleza del Brasil y la presencia histórica y prolongada de la Revolución Cubana. La burguesía nacional brasileña sin ser parte ideológica del proyecto sería fundamental para el nada ocultable “destino manifiesto” del Brasil, que la izquierda de ese país reforzaría hacia el exterior, a posteriori de un acuerdo hecho entre el nuevo gobierno contestatario y el “stablisment” tanto económico como militar *, que no molestaría el propósito del nuevo presidente de origen sindical.  Aunque los cubanos desconfiaron siempre del surgimiento de Brasil como eje de la hegemonía izquierdista americana, guardaron prudente silencio. Al fin y al cabo, ellos en el nuevo reparto se quedaban con Venezuela y Nicaragua, al tiempo que después -junto con sus vecinos- someterían a Colombia con su proceso de paz.

Escribe: Rafael GÓMEZ MARTÍNEZ

El origen del Foro de São Pablo se remonta a la década de los noventa al caer el llamado “muro de Berlín”, en noviembre de 1989. Esa implosión del mundo socialista, provocó que el grueso de la izquierda latinoamericana perdiera el apoyo de la antigua Unión Soviética. Según Navarro **, en una reunión celebrada en julio de 1990 en aquella urbe brasileña -la cual congregó a lo más granado de los impugnadores del stablishment- entre movimientos guerrilleros de la época, líderes políticos reconocidos, y numerosas ONG, con el fin de redefinir sus líneas, debido en aquel tiempo a los nuevos escenarios geopolíticos que emergían a nivel regional y mundial. Este encuentro, tuvo la particularidad de ser convocado por un desconocido relativo, por aquel entonces, en el mundo latinoamericano tal como lo era el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, del trotzkista Partido de los Trabajadores.

El Partido de los Trabajadores (PT) había nacido hacia febrero de 1980, una década antes de la convergencia reunida en São Paulo, teniendo sus orígenes doctrinarios en la lucha sindical surgida en medio de la agudización de la crisis política y social, luego de que el gobierno militar se apartara del poder que ostentaba desde 1964. En ese caldo de las izquierdas continentales reunidas por el llamado paulista, surgió lo que en el curso de los años fue conocido como “el Foro”, cuyo planteamiento fundamental consistió en convertirse en una alternativa a la democracia liberal y capitalista reinante entonces en la región y en el mundo, el para ellos condenable “neoliberalismo”. Pero era mucho más que eso: desaparecido el “faro” universal soviético, estos dirigentes pretendían recuperar el protagonismo confrontativo que dejaba el vacío de la desaparecida Unión Soviética.

En otras palabras, los latinoamericanos retomarían a través del Foro (FSP), las banderas revolucionarias internacionalistas que habían inflexionado por la terminación de la Guerra Fría. La expansión geopolítica del FSP alcanzó unos resultados inesperados: el propio Lula en Brasil (2002), Michelle Bachelet en Chile (2006), Néstor Kirchner en Argentina (2003) y luego Cristina Fernández ***, Leonel Fernández en la República Dominicana (2004), Tabaré Vásquez en Uruguay (2005), Evo Morales en Bolivia (2006), Rene García Preval en Haití (1996), Rafael Correa en Ecuador (2007), Daniel Ortega en Nicaragua (2007) y Fernando Lugo en Paraguay (2008), en lista incompleta. Las cabezas del proceso: Fidel y Raúl Castro, Lula da Silva y Dilma Rousseff. Hugo Chávez, después, ocupó un papel fundamental en este desarrollo, aunque secundario en lo ideológico. El gran dinamo pugnaz que surgió en São Paulo aceptaba a los armados ilegales, pero también pretendía imponer la idea de alcanzar el poder por el camino que ofrecía la denostada democracia liberal, como otra forma de lucha.     

Lo primero que hizo Lula da Silva una vez en el poder, fue convocar a un pacto de unidad nacional que incluyera todas las fuerzas políticas del país, con el fin de alcanzar los objetivos planteados y acordados con los ineludibles compañeros de ruta “burgueses”. Estos últimos necesarios para afianzar el proyecto, pero despreciables en lo ideológico. Cualquier táctica, incluso y en especial la corrupción serían utilizadas para llegar al objetivo estratégico. Ese pacto nacional le permitió gobernar durante ocho años, haciendo énfasis en las clásicas políticas socialistas, económicas y sociales de asistencialismo estatal, con el fin de reducir en lo interno al sector privado aunque, para el caso de Brasil, con permiso de gran despliegue en lo internacional. Un derrame de energía empresarial que incluía a la petrolera nacional (Petrobras) y otras grandes empresas. Aquellas capaces de afirmar el simbolismo delBrasil potencia”.

A nivel macro Lula da Silva emprendió más de 80 viajes a diferentes países, con el fin de presentar a Brasil como un nuevo jugador relevante en el contexto internacional. Lo hizo en particular allí donde Brasil pudiera ejercer su hegemonía y eso resultaba más apropiado en el patio del entorno y en el África lusitana. A donde fuese la cancillería brasilera, detrás estaría el poder privado haciendo su presencia, para asentar el proyecto político que, de manera velada, cargaba el signo ideológico del FSP. Lula comprendía que Brasil era un país aislado de los países latinoamericanos, para lo cual propuso una apertura comercial y de solidaridad cargada de su sesgo y complementaria de una Venezuela radicalizada. Si pretendía ser apostador de grandes ligas necesitaba los votos de los vecinos en los escenarios internacionales, así como en paralelo lo hizo Venezuela con su petróleo.  Bajo la gobernanza de Lula, Brasil de la noche a la mañana se convirtió en un aliado fundamental para Irán en la región suramericana.

Esto si se tiene en cuenta que Odebrecht carga experiencia en la construcción de plantas termonucleares y aportó en las primeras que se construyeron en el mismo Brasil. Como dato curioso, Angola fue un país beneficiado por las obras del gigante empresarial, con contratos multimillonarios para construir represas en el sector hidroeléctrico, además de expandir sus operaciones levantando refinerías petroleras offshore y en el interior del país (tipo Reficar, en Colombia). Así se hizo en pleno contexto de la operación “Carlota”, impulsada por Fidel Castro para la toma del país africano desde 1975 y antes del retiro de las tropas caribeñas, que se dio en 1991. De esta manera el PT para el juego local y el FSP, como motor ideológico, alentaron las apuestas empresariales y megaestructurales de Odebrecht por encima y por debajo de la mesa, para sus propios fines y los de sus aliados de circunstancia y proyecto. Colombia estuvo en ese abanico que reúne fines geopolíticos y económicos, con pretensión ideológica implícita e indirecta (aresprensa).  

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* Véase al respecto: GAITÁN, Manuel. Brasil: esa reunión partió en dos la historia. En: aresprensa [on line]

** Navarro Roderick, Conociendo al enemigo: El foro de São Paulo [on line]

*** Ni los Kirchner, ni Bachelet, ni los uruguayos son parte del FSP, pero sí son compañeros de ruta inerciales de aquellos, a veces y con frecuencia activos y, en otras, pasivos.


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