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TRAGEDIA VENEZOLANA / ACTUALIDAD

Publicado el 23 de abril de 2017 / 21.10 horas, en Bogotá D.C.

TRAGEDIA VENEZOLANA 

El endurecimiento de la represión por parte de la dictadura bolivariana contra su propio pueblo y el acorralamiento internacional del país, tanto como el que sufre la perversa pandilla enquistada en Miraflores, ejercen un efecto aún no visible en términos concretos sobre la permanencia de ese gobierno, salvo por el repudio sin grietas que acumulan desde todos los flancos. Empero, el terror de Estado que ejerce el arrinconado Nicolás Maduro y su camarilla no ceja en sus operaciones contra la población, en tanto vector que se suma al hambre evidente, la desbocada delincuencia común acompañada por la que provoca el determinismo ideológico de las bandas paraestatales, la restricción ampliada de libertades y la caída vertical de los indicadores de atención en salud. En ese cuadro los responsables bolivarianos de las violaciones al derecho internacional y crímenes de lesa humanidad, perpetrados contra su propia gente, suponen que están haciendo y “profundizando una revolución” que conduce a la felicidad prometida por la utopía moderna. La degradación progresiva como obra de gobierno desde esa parábola política inaugurada por Hugo Chávez y seguida por Maduro, supone que la profundización de la miseria generalizada anticipa un mañana de luz. Esa es la otra  utopía, deformada y difusa, que para nada promete convertirse en realidad salvífica, al tiempo que se agrava la eventual salida del circuito de derrumbe y atraso, vigente y trazado por la ceguera ideológica y la esquizofrenia política.

Escribe: Rubén HIDALGO

Ya se  sabe que el atraso en la convocatoria a elecciones de gobernadores desde hace un año y medio, es sólo el anuncio de que estas ya están canceladas y que sobre las que no se han hecho, se acumularán las que vienen, sin que haya un pestañeo por la alteración de un calendario de consulta, como respeto elemental y de principios democráticos a la voluntad soberana. Ese es el cuadro de una dictadura abierta, la que ya muchos habían anunciado incluso desde esta Agencia *. El cuadro de situación en lo que hace a la crisis transversal que sufre el país no tiene en lo inmediato punto de retorno y la pugnacidad se acrecienta de manera abierta en los hechos, con resultados de nuevo trágicos, como evidencia de los sucesos que se han precipitado y la confrontación callejera sin fin, de las últimas semanas.  Los puntos relevantes de la acumulación de razones como parte de una proyección ideológica hacia la alteración y disolución social provocada por el chavismo al interior de la sociedad venezolana, se pueden sintetizar en los siguientes puntos:

  • La caída de la productividad local como fruto de la reducción relativa de la propiedad privada, tanto industrial como agrícola, por la expropiación, pérdida de competitividad y caída generalizada de los distintos rubros que distinguían a Venezuela hasta hace unos años, entre ellos la industria petrolera.
  • La aventura geopolítica de financiar compra de votos de países, para los foros internacionales, con la gabela petrolera que durante años favoreció a varios gobierno de la región, entre ellos Cuba y Nicaragua.
  • La pretensión de imponer una economía de equivalencias socialista, buscando nivelar hacia abajo los salarios y en paralelo desalentando el capital humano de las clases medias educadas, que emprendieron una permanente y consistente migración de personas calificadas, impactando con ello y de manera negativa a toda la potencial cadena productiva presente y futura, en términos de competitividad.
  • El derrumbe de los precios internacionales del petróleo, que desquició los sueños hegemónicos bolivarianos, tanto internos como internacionales.
  • La restricción creciente, desde el comienzo del proceso bolivariano, a libertades y garantías básicas de una democracia, como lo son las políticas, judiciales y de expresión.
  • La represión y descalificación generalizada a cualquier forma de oposición y la pretensión de insertar una línea de  pensamiento único en lo social, negador también de aspectos esenciales de la democracia.
  • La cooptación absoluta de los  órganos del Estado y la negación de su independencia relativa, como regla, para el sometimiento de esos órganos a la decisión política del Ejecutivo chavista.

Todo lo anterior con el contorno de la tragedia humanitaria por la falta de medicamentos elementales y alimentos básicos, la caída de indicadores primarios de salud pública con base en la impotencia para la prestación de servicios clínicos y hospitalarios, la inseguridad cotidiana desatada y alentada desde el gobierno con el aporte siniestro de las operaciones concretas por parte de los llamados “colectivos”, como bandas paraestatales armadas. Y todo ello auroleado por la inflación monstruosa que termina de aniquilar cualquier posibilidad de normalización económica y productiva. Una verdadera catástrofe que ya tiene dimensiones de tragedia, si a todo lo anterior se suma la del exilio y la creciente sumatoria de presos políticos, a cuya cabeza se encuentra el dirigente Leopoldo López. Ese mismo cautivo del régimen a quien el delincuente argentino luis D´Elía -compinche de la banda de los Kirchner- señaló como candidato al fusilamiento directo y sin juicio. Esos fusilamientos ya comenzaron a producirse sobre la población inerme y desarmada en manifestación pública, por la acción de los francotiradores o armados y encapuchados en las calles que, se sabe, son parte de las señaladas bandas paraestatales.

La dictadura de Nicolás Maduro, ya desembozada de todo disfraz, profundiza las condiciones de crisis que torturan de manera colectiva a la sociedad víctima, la misma que, por mandato constitucional, deberían defender como funcionarios del gobierno tanto el tirano como sus cómplices. La misma constitución dictada por el impresentable chavismo, cuyos continuadores decidieron hacerla a un lado ahora que las papas queman y el único recurso sistemático y sistémico que parece quedarles es la violación de los derechos humanos y de la ley internacional que ampara a la persona protegida, que a esta altura es la sociedad venezolana en su conjunto.  Esa que repudia en las calles al ya sangriento dictador y a su camarilla corrupta enquistada en Miraflores, por ahora blindada en su impunidad gracias a un mando de las fuerzas armadas con el cual algunos civiles bolivarianos comparten negociados. Esos uniformados también están ligados a señalamientos de corrupción extensa, que incluye el tráfico de drogas en actividades asociadas con las Farc, en relaciones iniciadas desde tiempos de Hugo Chávez. Nada más opuesto en los papeles a lo que hubiese pretendido para su país el prócer a quien evocan y cuya memoria lastiman sin escrúpulos los bolivarianos en la parábola política desdorosa.

Las dos decenas de muertos en las últimas semanas no son la única cifra vergonzante y trágica que muestra el gobierno bolivariano. Allí están además los índices de pobreza: más de un 80 por ciento de la población se encuentra por debajo de esa línea que sonrojaría a quien entiende a la pobreza como un estigma. A ese dato debe agregarse que un 50 por ciento de la población se encuentra en pobreza extrema, en condición concreta cercana a la mendicidad, si los parámetros de medición para Venezuela fuesen los de una sociedad normal **.  Esto último presionado hacia abajo por una inflación que se superaría al 1.600 por ciento hacia el fin del presente año y que, por ahora, está por encima del 700 por ciento. La tasa de homicidios para el país en el año pasado alcanzó una cifra superior a las 90 muertes por cada cien mil habitantes y lo mantienen como el segundo más inseguro del mundo, sin que haya guerra interior y por  encima de varios estados africanos. Ese dato escalofriante se agrava cuando se estima que la rata de homicidios va en aumento, al menos desde hace 4 años, acercando con rapidez a Venezuela a otro deshonroso primer puesto ***. Resulta claro que estos vecinos revolucionarios aman tanto a los pobres -a quienes dicen defender- que no dudan en multiplicarlos pues cuando subieron al poder, al final de la última década del siglo pasado, los pobres venezolanos no llegaban al 50 por ciento de la población. En medio de la debacle social y también distante de la realidad, sin sonrojarse, el dictador Nicolás Maduro mantiene vigente un ministerio de la felicidad (aresprensa).

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* Véanse, de esta Agencia, las columnas: "Venezuela ya es una dictadura" y "El Colapso madura".

** Datos de la Universidad Católica "Andrés Bello".

*** Datos del Observatorio Venezolano de Violencia.


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