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NUEVO PERFIL DE LA GUERRA URBANA II / ACTUALIDAD

Publicado el 02 de abril de 2015 / 16.45 horas, en Bogotá D.C.

El Derecho Queda Fuera de Juego

 

 

NUEVO PERFIL DE LA GUERRA URBANA II 

Tal como se apuntó en el primer artículo de esta serie de dos, las exigencias de victoria en la guerra contemporánea, cuando tiene por escenario a los espacios urbanos, obligan a replantear los conceptos tácticos y estratégicos lineales de la confrontación clásica para introducir esquemas de “lógicas complementarias”, propios de la física cuántica y de teorías postmodernas que incluyen conceptos como los del “caos” manejable y los relacionados con fractales. Pero, además, se alteran los condicionamientos que surgieron de la experiencia milenaria en lo que hace a los excesos de la acción bélica. Límites jurídicos que, al menos en la cultura occidental, costó mucho construir a lo largo de los siglos. Lo único que importa ahora parece ser la victoria aunque se violen principios básicos del derecho y los intereses de la sociedad civil, los que quedan de lado si chocan con los intereses de los combatientes.

Escribe: Armando BORRERO MANSILLA *

Como fuente de las estrategias y tácticas descritas en el primer artículo, aparecen las “geometrías inversas” de Gilles Deleuze y Félix Guattari, además de la teoría de los fractales. La primera para exhibir una reorganización del espacio material y replantear lo que señala la percepción, reconstruyendo  de forma subjetiva los espacios de confrontación. La segunda, para dar cuenta de las características de los fractales que se cumplen en las formaciones militares atípicas en estas formas de enfrentamiento. Esto, utilizando ese planteamiento teórico en estrategias y tácticas de “enjambre”, en las cuales cada grupo es similar, tanto en escalas grandes como en pequeñas. Las tropas se dividen en grupos relativamente autónomos, los cuales en materia de comunicación -se comunican horizontalmente- rompen los conductos clásicos de los ejércitos.

Los grupos así dispuestos no se pueden representar con los elementos de la geometría tradicional -euclidiana- como sí se podría intentar con el despliegue de las unidades en una batalla clásica y, además, tienen una naturaleza fraccionaria a diferencia de las unidades establecidas en el modelo hasta ahora conocido. La teoría del caos, ya intuida, aunque sin llegar tan lejos, por von Clausewitz (conceptos de “fricción” y de “niebla” así lo muestran) se hace presente para describir el método que se utiliza en esta visión heterodoxa. La mejor manera de verlo en la práctica es tomando las palabras de los protagonistas. En una entrevista que los generales Aviv Kochavi y Nadav Harel concedieron a Eyal Weizman el año 2004, explican cómo lo hicieron. La transcripción tiene pasajes como el siguiente:

Todo es cuestión de interpretación (…) El enemigo interpreta el espacio en términos tradicionales y yo no estoy dispuesto a obedecer su interpretación y, al hacerlo, caer en sus trampas. Yo no quiero caer en sus trampas, yo quiero sorprenderle. Esa es la esencia de la guerra. Yo tengo que vencer. Tengo que surgir de un lugar inesperado. Y eso es lo que intentamos hacer. Por eso optamos por el método de atravesar los muros. Al igual que un gusano se abre camino a bocados, emergiendo en algunos tramos y después desapareciendo, nosotros, en efecto, comenzamos a desplazarnos desde el interior de las viviendas (palestinas) hacia el exterior de manera inesperada y por lugares en los que no se podía anticipar nuestra presencia, llegábamos por detrás y caíamos sobre el enemigo, que nos esperaba detrás de una esquina. Dado que era la primera vez que se probaba este método a tal escala, aprendíamos durante la propia operación cómo ajustarnos al espacio urbano relevante y, del mismo modo, cómo ajustar el espacio urbano relevante a nuestras necesidades. Tomamos esta práctica microtáctica (de atravesar los muros) y la convertimos en un método y, gracias a este método, fuimos capaces de interpretar el espacio de otro modo (1).

Lo original no es la sorpresa (buscada desde siempre en todas las guerras) sino el método. Produce sospecha, eso sí, el echar mano de la teoría crítica postmoderna para presentarla como el principio antecedente de la táctica empleada. Cuando apenas transcurre el primer capítulo del libro de Weizman, un lector mediamente avisado sospecha que más parece una justificación a posteriori del método elegido. Un comandante, puesto en el dilema de Kochavi, hubiera podido llegar a lo mismo, de manera intuitiva o de manera analítica, al observar el cuadro de la situación. ¿Si hay barreras en las calles, por qué  no atravesar los muros, avanzar y sorprender?; más adelante, en el último capítulo, Weizman lo plantea: durante la revolución de 1848 en París, la reconquista gubernamental de las calles, implicó que un jefe militar se planteara la cuestión en estos términos: ¿son las barricadas demasiado resistentes como para ser superadas por los tiralleurs? “En ese caso entraremos en las primeras casas alineadas en cualquier lado de la calle, y es aquí donde el detonador constituye una gran ventaja. Subiremos al piso superior y reventaremos sistemáticamente todas las paredes. De  este modo conseguiremos atravesar la barricada”

Como se ve, la idea es la misma, antes de Deleuze, Guattari, Jacques Derrida y compañeros. La deconstrucción del espacio urbano preexistió a la reflexión filosófica.

Sorprende de todas maneras la sofisticación del recurso en los oficiales de las IDF (Israel Defense Forces) La teoría crítica postmoderna le da un albergue elegante a la mucho menos elegante tarea de invadir la intimidad de la población civil, para lograr una ventaja decisiva en la batalla urbana. Antes de pasar a otra consideración importante, vale comentar lo que podría ser una conclusión apresurada de lo descrito. Alguien puede pensar que el método tiene un talón de Aquiles: una vez empleado se convierte en algo conocido por el contendor, que tomará medidas para hacerlo una maniobra sin viabilidad. Pero no es tan fácil. Las contramedidas son onerosas para los defensores. Para bloquear la acción del enemigo “gractal y postmoderno” tendrían que convertirse a su vez en los verdugos: invadir las casas de sus hermanos para convertirlas en fortines y exponerlos, más todavía, a los peligros de ser un blanco para todos los contendores. El precio en apoyo, en legitimidad, en solidaridad y en integración social, se pone en el nivel de lo impagable.

¿Cómo se sostiene el derecho de la guerra en estas circunstancias? El derecho de la guerra ya ha sufrido bastante por causa de la irregularidad de los conflictos contemporáneos que dificulta, en grado sumo, su aplicación correcta. Ahora la crisis va más lejos. El método descrito implica que el  comienzo de su puesta en práctica se haga por medio de una primera violación del derecho: se comienza por la destrucción de bienes civiles. Luego, se invade la intimidad. Se convierte a los no combatientes en estorbos que deben ser reprimidos, vejados y humillados. Se les encierra y se les olvida. Se hace imposible protegerlos del fragor del combate y se les convierte en blanco de los dos bandos.

La conclusión que se puede sacar del uso de estos métodos, es que se cancelan los principios del derecho internacional humanitario, y que del derecho de la guerra sólo sobrevive un principio: el de la necesidad militar. Los principios de distinción, proporcionalidad y congruencia no tienen siquiera la oportunidad de ser planteados. Los asfixia la necesidad del atacante convertida en ley. El escenario de la política moderna es la ciudad. Por eso mismo la guerra se instala como un invitado indeseado, e indeseable, en el espacio del descanso, del juego y del amor familiar. ¿Qué más nos dará el siglo? (aresprensa).

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(1) WEIZMAN, Eyal. A Través de los Muros. Madrid: errata naturae, 2012. p.82

* El autor fue asesor de Seguridad del gobierno colombiano y actualmente es académico en el área de su especialidad.


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