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SILLETEROS: TRADICIÓN “PAISA” / TURISMO / HEDONISMO / LOM

Publicado el 10 de agosto de 2015 / 18.00 horas, en Bogotá D.C.

SILLETEROS: TRADICIÓN “PAISA”

Pasó la edición anual de la bien afamada Feria de las Flores de Medellín. Fue la versión 58 en una larga semana en la que diferentes y repetidos actos sociales y culturales enmarcaron lo que ya se sabe de la condición tropical del país: su clima de primavera constante y la exuberancia de una naturaleza de contrastes marcados, sobre todo por lo montañoso de su geografía. Las actividades centrales, si bien se concentran en las particularidades de lo que es señalado como cultura “paisa” local, alcanzan como para ser representativa del país en general.  Para poner de relieve esas condiciones implícitas los organizadores hicieron un despliegue de espacios, tiempo y representaciones específicas, dispuestos a dejar en claro lo que pretenden: hacer de lo parroquial un emblema internacional, en el sentido que lo señaló León Tolstoi, “pinta tu aldea y pintarás el mundo”. El extenso programa de actividades se desplegó hasta el 9 de agosto. 

La llamada cultura paisa de Medellín, y su “orgullo”, es de fuerte raigambre campesina, anclada en manifestaciones que van desde lo gastronómico a las particularidades del habla, lo cual conforma un totum de detalles que llaman la atención para quienes desconocen ese conjunto. Al tiempo, el empresariado regional siempre reconocido por su pujanza mira al exterior, siendo ese sector el que encabezó la industrialización del país en la segunda mitad del siglo XIX, y se comprometió con parte de los grandes proyectos que permitieron la modernización nacional, entre ellos los ferrocarriles. El estímulo a la calificación educativa es otro de los emblemas con que se busca fortalecer de manera permanente a esta ciudad, siempre en disputa de amable primacía e importancia con la principal urbe del país, Bogotá. Hoy la capital de la región de Antioquia, Medellín, es la única metrópoli colombiana que cuenta con un servicio de transporte masivo, el “metro”, de nivel internacional: un tren metropolitano funcional desde el año 1995.   

No es ese el único logro de las últimas generaciones de antioqueños, cuyo gentilicio es “paisas”*, sino que se destaca por la manera en la que sus distintas autoridades en las últimas dos décadas hicieron surgir a la ciudad del torbellino de violencia que dejó en Colombia, como mácula, la industria del narcotráfico y los conflictos políticos que incluyen la confrontación generada por los grupos armados ilegales de distinta índole. Esas sombras no se han  borrado totalmente del panorama actual, pero el esfuerzo y el ingenio de los diferentes dirigentes que administraron la ciudad y el área de esa jurisdicción, permitieron promover la convivencia y han servido de ejemplo para otros países. En ese marco, la Feria de las Flores se potencia como una manifestación icónica que reúne a lo rural y lo urbano, el pasado con el presente y el trabajo con la paz, en una manifestación única. Para la ocasión y como siempre ocurre, el tránsito de los afamados silleteros pone punto final y central de celebraciones en la Feria.

La ya mencionada tradición de esta actividad, que se basa en la expresión vigente en el cultivo y comercialización de flores, arranca desde hace un siglo y medio en las labores rurales de Antioquia y en el transporte tanto humano como de materiales sobre la espalda, para superar las dificultades de la quebrada y caprichosa orografía del país. Lo que no se movía sobre el lomo de las mulas se hacía sobre los esclavos, indígenas y peones. Era una actividad inicialmente subalterna que se fue transformando y superando con el correr de las décadas y la aparición de  otros medios mecánicos de transporte y de grandes obras de ingeniería, las que fueron dejando atrás esa forma importante pero marginal de movilización. La aparición del ferrocarril, los caminos para automóviles y camiones, además de los aviones, hicieron desaparecer un trabajo más de hombres sumergidos que de ciudadanos, en una sociedad que con lentitud se hizo cada vez más secular. Es por eso que esta actividad de mostrar las flores colombianas en las viejas silletas que servían para superar los obstáculos geográficos, es una forma de sublimación de un trabajo fundamental pero socialmente servil en sus orígenes, a través de la manifestación cultural y la exaltación de la belleza

Silletero y arreglo floral en silleta (2015)**

La actividad de exhibición anual de las flores tropicales que da la tierra colombiana -entre ellas la orquídea- y también las de otras latitudes aclimatadas, tiene preparativos en el entorno rural de Medellín. Es por eso que asoman en esa referencia nombres sonoros, pintorescos y llamativos como denominación de esos municipios, veredas*** y corregimientos que sostienen el acervo del cultivo floral. Entre ellas, Piedras Blancas, Matasanos, Mazo, Piedra Gorda, Barro Blanco, Perico, La Quiebra o Pantanillo. En el conjunto sobresale Santa Elena, que es uno de los principales espacios de donde salen las silletas, engalanadas para el desfile. El trabajo de armado de una silleta puede requerir de unos dos días previos, con sus noches, para dejar los adornos y mensajes listos para la marcha, antes del inevitable proceso de marchitamiento de la carga.

Además, también se presta atención especial a la indumentaria del silletero y para ello se recurre de manera inevitable a la vestimenta “vintage” del campesino paisa y de toda sus reminiscencias, aun cuando esos elementos o algunas de sus partes ya no formen parte de la indumentaria actual. En fecha reciente y con motivo del reconocimiento por parte del gobierno colombiano de Patrimonio Cultural Inmaterial a todo el proceso que rodea el esfuerzo silletero, se realizaron investigaciones y rastreos que permitieron introducir modificaciones a la vestimenta típica y otros aspectos de recuperación ancestral. Uno de ellos fue el reconocimiento de que el poncho del campesino tenía colores, a diferencia de los monocromos actuales. El sello oficial no solo incluye un reforzado y posible apoyo oficial, sino además el poner en mayor relieve a la festividad que ya pasa el medio siglo de realización.

También conlleva la posibilidad de mejorar y potenciar la expectativa turística como incentivo a la visita para el festejo, sobre todo desde el exterior. En efecto, en esta edición de cierre 2015, unas ochocientas mil personas, entre turistas y de la casa, vieron pasar a los quinientos silleteros en su trayecto superior a los tres kilómetros, por las principales vías de Medellín, en un trayecto que insume alrededor de tres horas de marcha. Enfilados, los marchantes cubren su tránsito con la carga que casi los oculta si se miran desde atrás, y se advierte su presencia oculta bajo las flores si se miran de frente. Esos datos, de por sí relevantes para un hombre o mujer que debe recorrer a pie las vías programadas, tiene un ingrediente sorprendente: cada silleta puede llegar a pesar noventa kilos y a veces más. Es el peso parecido al de la persona que se cargaba a la espalda hace más de un siglo, en el inicio de la tradición vigente (aresprensa). 

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* Apócope de paisano.

** Foto: "turismoenmedellin.com"

*** En Colombia se denomina vereda a un pequeño espacio rural cercano a un pueblo o aldea. En otros países de América Latina la vereda es el espacio que se dispone en las ciudades para el tránsito de personas, entre el frente de las casas y la acera destina a la movilidad de automotores.


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