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VEA: TURISMO / PROGRAMA EDITORIAL







EDICIÓN 35 DE LA VITRINA TURÍSTICA / HEDONISMO / LOM

Publicado el 23 de febrero de 2016 / 09.45 horas, en Bogotá D.C. 

EDICIÓN 35 DE LA VITRINA TURÍSTICA

El regreso de la Vitrina Turística de Anato, como ocurre cada comienzo de año, pone otra vez de relieve la importancia del turismo como industria poderosa en tiempos de crisis.  Esta edición 35 de la acreditada muestra especializada de Bogotá se abrirá a pocos días del cierre de Fitur, la feria internacional española similar en la temática, que se celebra en Madrid y que es un verdadero termómetro de la evolución y de lo que pasará en la dinámica turística mundial durante el periodo que corre. El encuentro del país cafetero se celebra también en coincidencia con los números negativos de la economía colombiana, el quiebre institucional y económico sin retorno de un vecino trascendente como Venezuela, además de las alternativas de un eventual cierre de las negociaciones para poner coto a una parte del conflicto armado colombiano, que ya superó el medio siglo. La Vitrina Turística de Anato estará abierta al público entre el 24 y el 26 de febrero.

Para la edición que se anuncia, la Vitrina traerá unas mil empresas expositoras que exhibirán sus ofertas en unos 13 mil metros de superficie, sobre el recinto de Corferias, al centro occidente de la capital cafetera. De esa cifra, más de la mitad corresponde a entidades operadoras privadas y promocionales del Estado anfitrión, en tanto que un 40 por ciento estaría compuesto por invitados internacionales, que llegarían de unos 30 países. En el conjunto hay agencias de viaje -que conforman el núcleo fundacional del encuentro promovido por el gremio que agrupa a esas agencias, Anato- cadenas hoteleras y también empresas de transporte aéreo y marítimo, e incluso terrestre de turismo puntual. En el punto de coincidencia se darán cita además las oficinas de estímulo al viaje hedonista o profesional -incluso a la combinación entre ambas posibilidades- las organizaciones promotoras de cruceros y los ámbitos especializados de los 32 departamentos en los que se divide la geografía del país anfitrión. Una veintena de esos expositores llegarán por vez primera a la Vitrina.

El invitado especial internacional para esta versión de la muestra es el D.F. mexicano. El motivo de esa invitación se afirma en dos coyunturas: por un lado, la vigencia de la llamada Alianza del Pacífico, que integran Colombia, Perú, Chile y México; por otra, el hecho concreto de que el flujo de visitantes colombianos a la capital azteca es, hoy por hoy, el cuarto en importancia para un país que hace del turismo uno de sus principales renglones de ingreso en moneda dura. El invitado especial nacional será el departamento del Magdalena, situado en la costa norte y cuyo epicentro es Santa Marta, la ciudad balnearia y de tradiciones culturales que compite con Cartagena de Indias en relevancia y atractivos tanto geográficos como históricos sobre el Caribe colombiano. La coincidencia de coyuntura entre invitados permite, al tiempo, una convergencia de atractivos dispares: la capital mexicana puede poner de relieve el ser punto de partida mediterráneo a un escenario nacional lleno de interés por el pasado y el presente, que para nada excluye al mar; Santa Marta tiene lo suyo en lo que se ha denominado con presunción como “la bahía más linda del norte de Sudamérica”.                      

El Distrito Federal mexicano cuenta con un centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad, integrado entre otros sitios por la Universidad Autónoma, el museo Luis Barragán y Xochimilco, en lista reducida. Es además uno de los más grandes conglomerados urbanos del mundo y la principal capital mundial de habla hispana, aun cuando el orgullo especial del imaginario del país reside en su pasado indígena, en particular azteca, que tuvo en esa capital uno de sus ejes, a la llegada de la avanzada de Hernán Cortés, en el siglo XVI. También fue capital durante casi tres siglos de la Capitanía General de Filipinas, es decir de todo el Pacífico español, hasta 1821. Por su lado Santa Marta fue el escenario de la muerte de Simón Bolívar en 1830 y principal punto de entrada al santuario arqueológico y cultural del parque Tayrona y de la Sierra Nevada, única elevación montañosa en el mundo de cumbre blanca, a la vera del mar, y residencia de pueblos ancestrales.


Durante los tres días de muestra se espera realizar la acostumbrada “macrorrueda” de negocios, de la que participarán unos 500 operadores mayoristas internacionales de 50 países, bajo la sombrilla y auspicio de Procolombia, organismo del Estado para el estímulo de la exportación e inversiones de alto interés público. Se espera que en estas dinámicas de juego mercantil se realicen unas 30 mil operaciones, entre acercamientos y acuerdos inmediatos o a futuro. Las cifras al respecto hablan de una gran pujanza para la industria turística, no solo en lo que hace a flujos hacia el interior del país sino de colombianos que se desplazan con intención de descanso y esparcimiento o por razones de compromisos laborales, académicos y de compras, limitados en el tiempo. Los viajeros colombianos han tenido a los Estados Unidos, Panamá, México, Ecuador, Perú y España como sus principales puntos de destino en el último año. En ese mismo periodo llegaron a la nación andina unos dos millones cuatrocientos mil visitantes. Un dato que señala un incremento de un 16 por ciento frente al cierre del año 2014.     

Esos números son alentadores para un país que, como Colombia, necesita de manera urgente recursos externos para financiar sus desafíos y faltantes de la hacienda pública. La debacle de los ingresos petroleros afecta de manera grave la balanza y los proyectos a futuro del Estado; entre otros, todo lo que tiene que ver con el actual proceso de negociación en La Habana para poner fin al conflicto de más de media centuria, que afecta a la sociedad colombiana.  Al respecto, es bueno señalar que el déficit fiscal vigente es de unos 18 mil millones de dólares, según aproximado de los datos oficiales. A esa cifra descomunal, que se traga un dos por ciento del Producto Bruto Interno, deben sumársele los 45 mil millones de dólares que se llevarían los requerimientos del llamado “fin del conflicto”, si se firmasen los puntos definitivos del eventual acuerdo que se gestiona en la capital cubana. Ante lo desmesurado de ese conjunto y lo incierto del porvenir inmediato, lo que puede aportar el turismo se debería medir en “pesitos”, pero algo es mejor que nada. La suma es parte de una lógica divergente, parecida a la que parece alentar el gobierno de Juan Manuel Santos frente a sus interlocutores ilegales y armados, lo cual trazaría un paralelo en la dialéctica alambicada que señala: “perder es ganar un poco” (aresprensa).


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