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OSCAR: DI CAPRIO TIENE ESPERANZAS / CINE / PATRIMONIOS CULTURALES / A-P

 

Publicado el 27 de febrero  de 2016 / 23.00 horas, en Bogotá D.C.

OSCAR: DI CAPRIO TIENE ESPERANZAS

Es un hecho que en esta edición 88 del premio principal de la Academia se encuentra a un Leonardo di Caprio bien aperado y preparado para que se le otorgue su primer Oscar. Ello no obstante que este actor con la cadena de premios ya ganados -entre ellos el Globo de Oro y el BAFTA- por la película que protagonizó bajo la dirección del realizador mexicano Alejandro González Iñárritu, debería tener suficiente acumulado como para considerarse airoso entre los grandes actores que trabajaron y corrieron con buena suerte en lo realizado en el año pasado. Pero, claro, esto es el Oscar y las cosas son a otro precio, en especial para un Di Caprio que ya tiene frustraciones en eso de pretender la áurea estatuilla.  Tal como siempre ha sido, ningún antecedente es demasiado fuerte como para asegurarle a este ex niño bonito de Hollywood su galardón como mejor actor porEl Renacido”.

Escribe: Maglio GARAY

Ese trabajo hecho al estilo de González Iñárritu -que para nada excluye la trama de los melodramas televisivos latinoamericanos, aunque esta vez sin sexo- llega a la premiación en momentos en que la circulación de filmes por las salas cinematográficas muestra cambios profundos y procesos de transformación mayores, que han desviado la presentación de las grandes tramas dramáticas a otros espacios, dejando vía libre en la pantalla gigante al entrenamiento y la banalización, vía tecnología.  Esto ocurre al mismo tiempo en que los grandes talentos actorales buscan refugio en las cadenas de televisión y en las series que puedan recuperar algo de la vieja gloria, en el sentido de considerar al cine como un verdadero arte.  En otras palabras, el cine tal como lo conocimos hace esfuerzos por sobrevivir en un rincón de las posibilidades de exhibición y acceso a mayores masas de espectadores, en tanto que una cierta “barbarie estética” se toma el mejor espacio de las pantallas tradicionales.

Para la muestra, nada mejor que examinar la lista de nominadas en la ocasión y reflexionar sobre los contenidos de lo ofrecido durante el ciclo pasado por la industria, en particular lo que se reconoce con esa naturaleza de producción, que es Hollywood. Esto aun cuando es necesario reconocer que el esfuerzo por darle relieve al cine emergente y alternativo tiene ahora mayor arraigo en otras premiaciones y festivales, que no se inmutan frente a lo que hace la gran meca cinematográfica, siempre dispuesta a satisfacer primero el hambre del mercado por la trivialización. Es por eso que no debe asombrar que en el lote final de títulos aspirantes al Oscar 2016, como mejor película, figuren filmes como “The Martian”, con Matt Damon, un reconocido intérprete de guiones de aventura y entretenimiento. Por la persistencia en el enfoque señalado, tampoco debe llamar la atención que esté entre los aspirantes al principal galardón un trabajo como “Mad Max: Furia en el Camino”, que es una apuesta de exclusivo interés comercial y para nada destinada al buen recuerdo, si la discusión estuviese dirigida a su mérito artístico o estético, sin fisuras.

Esta última incluso con la sumatoria, como un flaco favor, de que se trata de una saga con mucho de remake que tuvo en otro momento el protagonismo de astros y estrellas como Mel Gibson o Tina Turner. Otro caso en este año es “Joy”, una película de aventuras hecha para la gloria personal de la veterana Jennifer Lawrence. Esto de tener en cuenta a los veteranos y en proceso de retiro es una suerte de “tic” de Hollywood que más allá de los justos reconocimientos también se presta para las injusticias. Este año aparece en esa lista el nombre de Charlotte Ramplin, por “45 años”, repitiendo lo que en otro tiempo se hizo con Julie Christie o el mítico Dirk Bogarde, quienes también contaron con ese esfuerzo de remozamiento por parte de la Academia, después de una extensa y brillante carrera. Lawrence y Rampling, están en el lote que busca el reconocimiento a mejor actriz. Allí compiten con una Cate Blanchett en el esplendor de su carrera, por “Carol”, y con Brie Larson (“Room”), además de Saoirse Ronan (“Brooklyn”).

Leonardo di Caprio Ciro Guerra

                                                                       

En la suma, “El Renacido” arrastra la nada despreciable suma de 12 nominaciones en esta versión del máximo premio de la cinematografía mundial. Le sigue con 10 apuestas de los miembros de la Academia, la ya mencionada saga de “mad max” y luego el trabajo de Matt Damon, con 7 nominaciones. Pero no todo es escepticismo en lo que hace a las preferencias de los electores del Oscar, la película “Spotlight” podría dar una sorpresa en la aspiración a mejor película, pues está entre las 8 nominadas y tiene a su favor un argumento con abierta crítica a la Iglesia católica, en tiempos de elecciones presidenciales, contrapuesta a la realización de González Iñárritu, que desliza cuestionamientos velados al periodo fundacional de los Estados Unidos y es un director que repetiría premiación, lo que revierte favoritismos. Esto además de ser González Iñárritu un extranjero oriundo de México, hecho involuntario que lo pone en situación colindante con debates calientes de la vigente campaña presidencial de los Estados Unidos. Debe señalarse, eso sí, que ese trabajo del consagrado director azteca despliega virtuosismo de sonido y también de ambientación y fotografía.

En ese panorama, es una lástima que un filme de excelente factura como “Carol” haya quedado marginado en lo que hace mejor dirección y realización, quedando sólo en primer plano la interpretación de Blanchett y otras candidaturas para premios menores, como música y fotografía. De esa marginación acentuada se salvó el excelente trabajo de Rooney Mara, con la candidatura a mejor actriz secundaria. En ese mismo nivel no puede dejar de mencionarse para dos candidaturas a “La Chica danesa”, que vuelve a poner en condición de aspirante avanzado al inglés Eddie Redmayne, aunque es difícil que en esta ocasión sea él quien le arrebate el Oscar a Di Caprio. Esta película, que aborda el difícil y actual tema de género, también compite por el premio a mejor actriz secundaria, por el papel de Alicia Vikander. Para este año nada secundario es el rol que alcanzó América Latina, en la aspiración a un premio mayor. El colombiano Ciro Guerra llegó con “El Abrazo de la Serpiente” bajo el brazo para disputar el galardón a la mejor película en lengua no inglesa.

Es cierto que el país cafetero ya se lleva como rédito el logro de haber quedado por primera vez en el puñado selecto de 5 nominados y eso debería ser un detalle más que suficiente. La esperanza de llegar al límite queda aquí mediada por la realidad incontrastable de que una película como la húngara “El Hijo de Saúl” tiene mayor margen de maniobra dentro de los criterios de elección final. Es costumbre galardonar temas recurrentes como la persecución racial y el genocidio, dentro de los hechos de la Segunda Guerra Mundial. Es entonces normal que los electores se inclinen a mantener la condena de los derrotados en esa contienda universal y premiar a aquellos trabajos fílmicos que se mantengan en tal perspectiva, por encima de otras posibilidades cualquiera que ellas fuesen. La particularidad en este rubro es que todos los directores aspirantes son noveles, de corta carrera, cuatro de ellos han saboreado mieles en otros festivales y ninguno supera los 40 años de edad. Frente al trabajo del colombiano Guerra y del húngaro Lászlo Nemes, está la franco-turca Deniz Gamze Ergüven (“Mustang”), el jordano-británico Naji Abu Nowar (“Theeb”) y el danés Thobias Lindholm (“A War”) (aresprensa). 


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